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Bandidos Rurales - El Caso Reyna



En el ámbito rural la evocación de las actividades delictivas de los bandidos que actuaron en diferentes zonas del país, perdura allí como mitos reverenciados por las clases mas desposeídas, el recuerdo es casi exclusivamente oral. Versos y canciones, relatos y leyendas, componen el repertorio de las charlas de fogón en donde por lo general, el bandido termina con una imagen casi inmaculada.

Estas pautas tradicionales no se cumplen en nuestro personaje local que asoló la Colonia Clodomira y la Colonia Candelaria. Se llamaba Modesto Reyna y vivía con una de sus hermanas, Sara, en la ranchada conocida como “Las Cien Varas”. Esta lonja de tierra fiscal iba desde el Río Carcarañá hasta la jurisdicción de Fuentes, todavía quedan como mojones los postes de quebracho con tramos alambrados que delimitan su ancho de 83 metros aproximadamente.

El caserío criollo estaba establecido al S.E. de la Ruta Nac. Nº 33, aproximadamente a 5 km., y aún está la añosa acacia en pie a cuya sombra Reyna levantó su rancho. Ella lo acompañaba en sus correrías y se la consideraba más peligrosa que su propio hermano. El hombre al cual se le endilgaron, nada menos que veintidós asesinatos, y que tenía atemorizados a los pobladores de Pujato y Casilda.

El crimen más atroz que se le adjudicó, fue el cometido en la chacra de Manzini donde mataron a la esposa e hija del puestero de apellido Balzi, y arrojaron los cadáveres al pozo de agua. Reyna siempre juró que él no había sido el responsable. Una versión decía que era un caso pasional, otra señalaba a dos policías de Casilda quienes sabiendo que Balzi había cobrado una importante suma de dinero en esos días, habrían sido los responsables.

Una noche, del año 1927, Modesto Reyna y Sara en momentos que estaban en el boliche Montanari, luego conocido como de Alfredo Marziali, fueron arrestados por el comisario Solano de Pujato y su hijo, ya en la comisaría de esa jurisdicción, le pidió prestadas unas cadenas a Quinto Bonpadre, carnicero del pueblo, y ataron a Reyna y su hermana a un árbol del patio.

Nunca se supo de Sara, pero sí de Modesto Reyna, que pasó veinticinco años de prisión.

En 1952, ya con su melena encanecida, una tarde Reyna ingresó solo al boliche de Marziali, cuándo Angel y Armando se habían ausentado. Sus esposas, Delia Dalmagro y Anita Pigozzi no lo reconocieron, (nunca lo habían visto personalmente), el bandido pregunta “si Montanari todavía seguía siendo el dueño del local” le respondieron que “él vendió hace mucho” y ante la sorpresa de ambas dijo “yo lo buscaba a él porque él me entregó hace muchos años”.

Luego se fue caminando, pasó por otro puesto de la chacra de Mazzini, el dueño era don Mércuri le pidió un vaso de agua y siguió su camino buscando nuevos rumbos. Finalmente se afincó en Firmat viviendo tranquilamente y trabajando como sastre, oficio que aprendió en la cárcel.

Cuentan los peones de la Chacra de Mazzini que a pesar de que ya no existe el puesto donde ocurrió esa tragedia, es imposible dormir en el casco o casa principal conocido por el “Fuerte de Mazzini” por los extraños ruidos y gritos que allí se escuchan.

 

Referencias: Carlos Barulich - Blas Mercuri - Juan C. Gorosito





Evaristo Aguirre