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El Templo Invisible

Esa tarde Calixto se dispuso a cumplir, en forma rutinaria, su tarea como guía de turismo. Sin embargo a medida que iban recorriendo el circuito del centro histórico de la ciudad, fue percibiendo, a través de las preguntas que le efectuaban los integrantes del contingente, el nivel intelectual que sustentaban.

Al llegar el último hito histórico, la biblioteca Popular Carlos Casado, una señora (Historiadora Liliana Bisiacco de Martín) dijo que se encontraba realizando un trabajo de investigación sobre los patrimonios legados a nuestra ciudad, por Las Logias que aquí funcionaron, seguidamente hizo referencia al logo de la Biblioteca aseverando que pertenece al simbolismo masónico.

Ya en el salón de lectura, Calixto al señalar el cuadro pintado por José Casado del Alisal, la misma señora puntualizó que este gran artista español fue consagrado “Mason Ilustre”. En ese instante fue cuando Calixto, con emoción comenzó a entrever detalles que anteriormente no había advertido en la obra, descubriendo al final de su descripción que la misma conforma un mandala, (de origen sánscrito, significa circulo) con el inmortal Shakespeare en su centro sentado sobre un pedestal de 4 escalones (el cuatro es número sagrado para la masonería) a su alrededor están los emblemáticos personajes de su obra literaria, ubicados según su condición espiritual en sus respectivos cuadrantes, los que habitan el mundo elevado, los de la dimensión intermedia, y los seres perversos en el inframundo.

La emoción se tornó mas intensa, transmitiéndose al resto del contingente al asociar la señora esta evidencia, según ella a la diagramación del ejido urbano de la Villa Santa Casilda, cuyo plano fue trazado por el agrimensor catalán Julián de Bustinza (Masón consagrado) quién ubicó la plaza central, (que luego serían cuatro) representando con ella el altar sagrado del Templo de Salomón, partiendo de ese centro se delineó en forma de damero los cuatro barrios, ubicando a su vez en el centro de cada uno de ellos, en forma simétrica, su plaza correspondiente: la plaza San Martín en el Bº Centro, la Belgrano en San Carlos, Simonetta en Barracas, Rivadavia en Granaderos a Caballo representando con ellas las cuatro columnas del templo de Salomón.

Luego de despedirse del contingente turístico, Calixto se quedó reflexionando sentado en un banco de la Plaza de la Fuente y se fue sumergiendo en fantásticas elucubraciones, tratando de indagar el universo místico de los libres pensadores, en aquella lejana etapa fundacional, preguntándose si estos pioneros del progreso infinito, no habrían dejado en el centro matemático de la Plaza Casado, algún cofre enterrado conteniendo medallas de las Logias intervinientes en el acto fundacional de la Villa, como lo hicieron los fundadores de la ciudad de La Plata, o simplemente una botella con un mensaje para la posteridad, como el depositado al pie del mástil de la Escuela de Agricultura, o la que está debajo de las escalinatas del Palacio Municipal en la que cada albañil que intervino en la construcción, depositó una moneda de níquel, también paso por su mente cuando se encontró el cilindro de cinc empotrado en una pared con documentación de Nueva Roma.

Finalmente ya emprendiendo el camino de regreso a su casa, desechó la hipótesis del cofre enterrado, excepto algo que es muy evidente, la impronta intangible que nos legaron, otorgándole para siempre a la ciudad de Casilda su mística identidad, irradiada por el invisible Templo de Salomón.

Evaristo Aguirre