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Emblema de Identidad (Narrativa)

En una época remota, que se pierde en la oscuridad de los tiempos de ñaupa(1), las comunidades de la flora nativa del Chaco Gualamba(2), se dispusieron para emprender la conquista de los territorios que se hallaban bajo el dominio de las comunidades del pastizal pampeano.

Luego de un largo proceso invasivo, ayudados por el clima subtropical imperante, llegaron hasta un río al que consideraron sagrado, y que les demarcó el límite austral del nuevo distrito que pensaron repoblar.

Fue así que con firmesa, fueron conformando sus nuevas posesiones, y con el transcurso de aquellos arcaicos tiempos tuvieron su momento de esplendor, hasta que sobrevino el fenecimiento de la era, ya sin el apoyo del clima cálido y húmedo, los volcanes andinos comenzaron a emanar una pertinaz llovisna de cenizas, que se desplegaron por la acción de los vientos como grises cortinas de tul, llegando a cubrir el resto el pastizal colidante con el monte chaqueño, que se extendía sobre ambas márgenes del sagrado Río Carcarañá, privando de alimento a la fauna herbívora. Mientras que los movimientos basculantes de la topografía desviaba la dirección de los cursos de ríos y arroyos.

Los animales en su desesperación, se internaban en los bajos y cañadas donde crecían grandes gramíneas, y al quedar empantanados fueron presa fácil de los carnívoros, todo se transformó en caos y confusión… Parecía que el mundo había llegado a su fin, cuando se desató un temporal que pareció eterno.

Las diferentes especies de la flora chaqueña, se congregaron en las márgenes del Río Sagrado, con la finalidad de tomar una determinación ante el inminente cataclismo. El grupo de las maderas valiosas, era liderado por el Cacique Quebracho y su shaman el Timbó colorado, los árboles floríferos eran comandados por el lapacho, secundado por el Ceibo; los frutales silvestres eran dirigidos por el tala; y su consejero Ñangapirí; los árboles extravagantes estaban conducidos por el Palo borracho y su hechicero Espina Corona. Los árboles medicinales tenían como jefe a el Guayacán y su curandero Palo Santo. Los árboles forrajeros seguían al Algarrobo y su capitanejo el Pindó. Los espinosos eran capitaneados por el Coronillo y su brujo el Garabato; el grupo de los arbustos lo encabezaba un jóven guerrero llamado Ombú, originario de los esteros del Iberá, venía rodeado de un áurea mística y se aseveraba que tenía pora(3), reunía a la vez las condiciones jerárquicas de Cacique y Shaman. Su porte imponente, de madera inconsistente. Rara vez en él anida los pájaros, en cambio los zorros y comadrejas encuentran, en su descomunal raíz, los huecos apropiados para su madriguera. Cuando le tocó su turno para expresarse, hizo una arenga con tono solemne y armoniozo alabando las características del paisaje pampeano, sin otorgarle mayor trascendencia a la situación climática que estaban soportando.
Cuando sesó el gran temporal, el cielo se ilumnó como un odre de oro al reflejarse el arco iris, las lagunas se fueron secando paulatinamente convirtiéndose en supultura de la gigantesca fauna.
La comunidad fitogeográfica del Chaco, después de extensas liberaciones, inició su trasmigración hacia el norte, sólo el ombú se quedó cómo un nuevo emblema de la Pampa, había echado raíces en esta querencia, y por que ya tenía sobre todo definida su identidad y se sentía dueño y señor del pastizal.

(1) voz quichua, significa tiempo antiguo
(2) chaco sudamericano
(3)Pora significa que tiene alma

E. Aguirre

 

“El Guayacan”: Monumento Natural - (Milonga)

Gran señor de la floresta
venerado del shaman
¡oh mágico guayacán!
de frondosa copa enhiesta
nido de almas es tu cresta
que con la lluvia floreces
y te roban como a mieses
los picaflores en celo
para elevarlas al cielo
en un ritual que te mece.

Nacido de la leyenda
sabía del payé y el canto
que liberas el quebranto
amparándolo en su senda
a quién a ti se encomienda
noble ébano americano
que tienes como el paisano
un destino de dolores
pero su canto da flores
por ser de orígen indiano.

Revenar de primavera
fulgor del monte pristino
te respeta el campesino
por tu estirpe de madera
por dúctil y duradera
te encuentras tan acosado
son aquellos que han osado
la imponencia derribar
sin ponerse analizar
sus acciones y pecado.

Letra: E. Aguirre
Música: F. Reschini