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La Casa Embrujada - Narrativa

Como tantos pueblos y ciudades de nuestra región, Casilda, tuvo sus casas embrujadas, una de las más conocidas y la cual todavía se halla en pie,esta ubicada en el Barrio Nueva Roma.Se cuenta que en ella, uno de los integrantes de la familia que la habitó, estudiaba Magia Negra y que también allí sucedió un suicidio. Tiempo después la casa quedó deshabitada, pero permaneciendo completamente amueblada. Esto hizo que ocupantes temporarios intentaran, vanamente, vivir en ella, ya que de noche, les era imposible conciliar el sueño debido a que se escuchaban ruidos y voces que aterraban, y la desalojaban despavoridos.

Personalmente la conocí desde afuera, allá en los fines de la década del setenta. En aquellos tiempos su aspecto edilicio y los añosos árboles que la rodeaban la teñían con una acuarela de tristeza.

Confieso que la primera vez que ingresé en ella, movido por la curiosidad, tuve la sensación como si alguien me estuviera observando; esto hizo que me limitara a mirar respetuosamente (sin tocar nada) el gran desorden en que se hallaban los muebles, otros en cambio, como el aparador contenía en forma mas o menos ordenada algunas vajillas, pero al ingresar a uno de los dormitorios, me impresionó ver sobre dos camas de hierro, los respectivos colchones arrollados en tan mal estado, que del cojín sobresalían los oxidados resortes, dándoles la apariencia de dos rolos compactadores del tipo “pata de cabra”; mientras, en el piso se hallaban diseminados innumables papeles, algunos diarios y revistas.

Con la nada agradable sensacion de sentirme un intruso, que estaba interfiriendo una íntima remanencia de pretéritas vivencias cotidianas, que me eran ajenas por completo, me retiré de ese lugar lo antes posible; sin embargo, a pesar de todo lo percibido, y como si algo hubiere quedado pendiente, tenía la convicción que en alguna otra oportunidad volvería.

Transcurrido más de un año de esto, un día domingo por la mañana, como ya era habitual, salíamos con mis hijas y esposa a dar un paseo con nuestro sulky; en esa oportunidad me pidieron que las llevara a conocer la casa embrujada.Fue así como emprendimos la marcha en aquella soleada mañana, con la expectativa de las niñas, las que a su vez, habían invitado a una amiguita. La risa de las niñas y el sonido charanguero de los cascabeles que adornaban los arneses del petiso, me contagiaron la alegría de la aventura. Cuando estábamos llegando me llamó la atención ver en el patio, una soga con ropa tendida y varios niños jugando; ya en la puerta, una señora de mediana edad salió a nuestro encuentro, preguntándome que deseaba, titubeando, traté de explicarle la razón de nuestra visita, luego, ya más en confianza me animé a indagarla con respecto a su procedencia y cúanto tiempo hacía que se había afincado allí, y , atreviéndome un poco más, le pregunté si en algún momento había escuchado ruidos extraños, a lo que, con toda naturalidad me respondió : Mire, algunos vecinos me hicieron la misma pregunta, pero no hemos escuchado nada, porque donde hay niños, no asustan.

Evaristo Aguirre