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Las Intrincadas redes de vinculaciones precolombinas

6 to Encuentro Inter-Asociaciones de Historia Regional

 

 Las intrincadas redes de vinculaciones precolombinas

 

Autor: Evaristo H. Aguirre



evaristo.aguirre@hotmail.com
Casilda, Santa Fe

Sanford, 4 de Junio de 2016

Resumen

Las intrincadas redes de vinculaciones precolombinas

Los caminos y derroteros jalonan, de alguna manera, la historia del hombre. La necesidad hizo imprescindible estas vías de intercambio y comunicación entre los pueblos, tras abrir las puertas del Nuevo Mundo. Las primeras corrientes humanas que ingresaron, fueron delineando aquellos primitivos senderos, para cubrir los fines específicos de su azarosa existencia.

En el transcurrir de los milenios, los senderos se fueron adecuando a otras necesidades más complejas, propias a la evolución del hombre, se transformaron para cumplir funciones de la vida de relación. De este modo, el sendero se fue convirtiendo en camino, y éste el derrotero, cuando hubo un objetivo, y la lógica expansión del interés humano, señaló los rumbos de las aspiraciones o de beneficios que tendrían que conquistar. Estas rutas trazadas por las necesidades colectivas, constituyen los típicos medios de comunicación actuales.

Los cazadores recolectores de nuestra región desarrollaron como parte de su existencia, diversas estrategias que fueron implementando para su subsistencia y procreación consistente en el conocimiento y dominio de los diferentes ambientes naturales.

La transferencia de las experiencias se ha realizado mediante la comunicación social, adquiriendo este saber vigencia cuando fue incorporado por lo demás miembros de la comunidad. Estos bienes a su vez se difunden a través de los contactos que sus integrantes van concertando, siguiendo las intrincadas rutas de su peregrinar expansivo, posibilitando la difusión de los bienes necesarios, desde los centros radiales mediante los portadores, quienes fueron conformando directamente o a través de intermediarios, complejas redes de intercambio facilitando el trasvasamiento cultural, enriqueciendo el patrimonio ergológico de cada grupo que lo recepcionó.

Los grupos de la llanura ocuparon una extensa región integrada por dos subregiones: Pampa-Patagónica y el Chaco. Uno de estos grupos; ejerció un importante rol a partir de 2500 A. de P. fueron los querandíes, quienes articularon como nexo entre estas subregiones.

La región litoraleña, donde nuestra zona está inserta, podemos considerarla como de confluencia cultural porque a través de las vías y hídricas, de la selva, y la montaña, se movilizaron desde las áreas de las altas culturas, transfiriendo a las áreas de cultura media, hasta llegar a la región litoraleña ocupada por los grupos de cultura más primitivas. Llegando a cerrarse el círculo sudamericano cuando desde Chile ingresaron Los Araucanos a la Patagonia.

En los primeros días de noviembre de 1528, llegó al fuerte de Gaboto, la misión encabezada por Francisco César, quien debido a la confianza que le dispensó el Capitán General, o tubo de este un permiso especial para emprender la búsqueda de la mítica Ciudad Encantada que llamaron “Lin Lin” o “Elelin” y otros “Tropalauda”.

Los resultados de esta leyenda, fueron significativos en cuanto a la colonización de las áreas de Córdoba y Cuyo, promovió las exploraciones de la Patagonia; protagonizó un papel importante en las disputas limítrofes entre Argentina y Chile.

A partir de 1536, las corrientes colonizadoras penetraron por caminos naturales diferentes, utilizados anteriormente por los pueblos originarios.

Por el este, a través de los ríos de la Plata y Paraná.
Por el norte, atravesando la Puna y la Quebrada de Humahuaca.
Por Oeste, cruzando la Cordillera de los Andes.

 

 

Introducción

Los caminos y derroteros jalonan, de alguna manera, la historia del hombre. La necesidad hizo imprescindible esta vía de intercambio y comunicación entre los pueblos, tras abrir las puertas del Nuevo Mundo, las primeras corrientes humanas que ingresaron, fueron delineando aquellos primitivos senderos, para cubrir los fines específicos de su azarosa existencia. Las posibilidades de desplazamiento de estos antiguos trashumantes, eran muy limitadas, ya que el único medio de movilidad era el caminar, y por consiguiente, aquellos senderos, no eran sino el tenue rastro o senda hollada en el suelo en el andar que conducía al refugio que los protegía del peligro, producto de las actividades en las cercanías de su hábitat.

En el transcurrir de los milenarios tiempos, los senderos se fueron adecuando a otras necesidades más complejas propias a la evolución del hombre, y se transformaron para cumplir funciones de la vida de relación. De este modo, el sendero se fue transformando en camino, y éste en derrotero, cuando hubo un objetivo y la lógica expansión del interés humano, señaló los rumbos de anhelos o de beneficios que tendrían que conquistar.

Estas rutas delineadas por las necesidades colectivas, se movilizaron agitadas por un ideal, o por una esperanza, constituyen los típicos medios de comunicación actuales que no son tan actuales, porque ya cumplían esta función: Los caminos de la Roma Imperial. En América Latina, el antecedente más antiguo es el Camino del Inca.

Los Derroteros Prehispanos

Ya no hay dudas que el ser humano llegó a América plenamente formado, ya era homo sapiens, en un plano de desarrollo igual a los seres de los demás continentes, en ese tiempo las diferencias surgieron aquí como resultado de la experiencia que cada cual tuvo en su historia.

Los cazadores recolectores de nuestra región desarrollaron como parte de su existencia, diversas estrategias que fueron implementando para su subsistencia y procreación consistente en el conocimiento y dominio de las condiciones particulares de existencia de las diversas poblaciones asentadas en diferentes ambientes, y en la creación de nuevos procedimientos para someter cada región a sus necesidades. Lo más significativo fue el desarrollo de una serie de procesos de la toma de posesión, en cada espacio adquiriendo un progresivo conocimiento de sus recursos naturales y la consecuente adaptación que posibilitó su exitosa supervivencia milenaria.

La transferencia de las experiencias se realizaba mediante la comunicación social, adquiriendo este saber vigencia cuando fue incorporada por los demás miembros de la comunidad. Estos bienes a su vez se difunden a través de los contactos que sus integrantes van concertando, siguiendo las intricadas rutas de su peregrinar expansivo, posibilitando desde los centros radiales, mediante los portadores, quienes fueron conformando directamente o a través de intermediarios, complejas redes de intercambio que facilitaron el trasvasamiento cultural, enriqueciendo el patrimonio ergológico de cada grupo que los recepcionó.

Los grupos de la llanura ocuparon una extensa región integrada por dos subregiones: Pampa-Patagonia y el Chaco. Una etnia que ejerció un rol importante a partir de 2500 A de P… fueron los querandíes, quienes articularon como nexo entre estas subregiones. Los recientes hallazgos arqueológicos, realizados en la Laguna el “Doce” en la localidad de San Eduardo, por el equipo dirigido por el profesor David Ávila, han demostrado la presencia de los cazadores-recolectores en la región del sur santafesino data en más de 8000 años A de P y no solamente hablan de eventuales asentamientos, sino que dejan entrever la presencia de remotas influencias culturales en toda la región pampeana producidas en el momento de mayor expansión, hace aproximadamente más de 3000 años A de P.

En el holoceno tardío unos 2000 años antes de la llegada de los españoles al Río de la Plata, los cazadores-recolectores dejaron abundantes registros como consecuencia de una más intensa ocupación del territorio, esta expansión abarca casi todos los ambientes de la región, desde las zonas ribereñas que bordean el delta del Paraná.

En este tiempo, los cazadores pampeanos diversificaron su forma de vida, al entablar seguramente nuevos contactos culturales con grupos de las regiones mediterráneas, y del Chaco, para estos momentos ya se pueden reconocer diferentes etnias coexistiendo en la región.

Los cazadores que frecuentaban las orillas del Río de la Plata habían desarrollado un estilo de vida diferente del resto de los cazadores de “tierra adentro”. Utilizaron instrumentos de hueso y madera, aunque no han perdurado y los artefactos líticos eran pequeños y cuidadosamente conservados.

La alfarería llegó a esta área en algún momento del holoceno tardío, y probablemente no fue una invención local, en ella se puede observar la influencia de la cerámica pintada de Córdoba, excepto que en la cerámica pampeana presenta los mismos caracteres pero es incisa.

Esto significó un avance importante en la tecnología prehispana pampeana ya que se disponía de recipientes para conservar líquidos que podían ser sometidos al fuego y además era posible una nueva manera de cocinar los alimentos hervidos. La incorporación de la técnica de fabricar, decorar y usar recipientes de alfarería fue una de las grandes innovaciones tecnológicas en la vida de los indígenas pampeanos.

La abundancia del material arqueológico recolectado sugiere lapsos de ocupación probablemente un poco más prolongados que en otras áreas pampeanas. Esto puede haber sido favorecido por la explotación de recursos variados que permitían “mariscar”, como es el caso de los peces y los moluscos de agua dulce que tenían una alta concentración en ambientes ribereños. Algunos de estos sitios probablemente correspondan a los antecesores de los Querandíes del siglo XVI.

Desde la Pampa seca en la que la situación fue un poco diferente durante el holoceno tardío a partir de hace 2000 años llegan a nuestra zona: morteros y manos, algunos de los cuales fueron empleados para moler ocre rojo utilizado como elemento importante en los rituales religiosos. Otros seguramente fueron utilizados para procesar los productos vegetales como las semillas de algarrobo y chañar. La presencia de estos morteros nos permite denotar los contactos que tuvieron con los grupos recolectores de semillas. Estos intercambios no se sabe si fueron directos o a través de grupos intermediarios de los grupos portadores de la cultura del desierto. Para el territorio argentino no hay todavía ningún yacimiento específico que poder asignar con seguridad el tipo de la cultura del desierto, pero es indudable que tiene que haberlos en la región del noroeste y hasta la zona central del país, pero todavía no han sido descubiertos o no han sido debidamente descritos para poder comprender sus características culturales básicas. También gran parte de estos pueblos debieron asimilar en épocas tempranas la alfarería, provenientes de pueblos más desarrollados e invasores y de esta manera queda oculto su verdadero origen cultural.

Los pueblos cazadores del Paleolítico, en su mayoría, no conocían el arco y la flecha, en cambio la mayor parte de ellos usaban lanzas arrojadizas o jabalinas arrojadas con ayuda de la estólica, propulsor o atlatl, que consistía en una especie de palanca que extiende el largo del brazo multiplicando la fuerza. Alrededor de unos dos mil años antes de la conquista, se produce una revolucionaria adquisición, el arco y la flecha.

Su adopción por los pueblos cazadores significó su mesolitización, aunque no tomasen conjuntamente ningún otro elemento de la cultura mesolítica.

Una de las armas típicas de los indígenas de las pampas ha sido la piedra de la boleadora, utilizada para la caza y defensa, con anterioridad a la conquista. Luego utilizada por los indígenas ecuestres de las pampas y por los criollos. Sin embargo, no está claro desde cuando se comenzó a utilizarla en la llanura.

Para estos tiempos tardíos del holoceno, las evidencias sugieren que los cazadores del oeste pampeano también formaban parte de redes de intercambio muy amplias y complejas que no sólo involucraban a grupos vecinos, sino también a grupos de otras regiones. Esto implica que algunos objetos, importantes y con valor simbólico, pasan a través de grupos intermediarios hasta llegar a al oeste pampeano y allí se expandían al litoral rioplatense.

En las culturas andinas que precedieron al imperio incaico, precisamente en la sierra peruana era donde se practicaba con más intensidad el trueque, que consistía en el canje de cosas, de preferencias, en lugares donde no producían lo que apetecían, como cerámica, adornos de metal preciosos y artefactos de madera, por carecer en sus comarcas de arcillas, minas y bosques, respectivamente. Lo que les compelía a obtenerlos en otras etnias, a cambio de algo que sí producían. En la referida permuta de bienes, prevalecía el valor de uso y no el valor de cambio, era inter-étnico e inter-ecológico sincrónicamente, en ámbitos determinados, según las alturas del territorio en el cual vivían.

Trocar caracolas de los mares cálidos constituía una necesidad de primera importancia, por configurar la ofrenda preferida por las divinidades andinas dadoras de lluvia y aguas en general, imprescindibles para las gestiones agrarias y pecuarias y la existencia humana en definitiva; por ello permutar caracolas y mullu era tan importante como intercambiar ropa y alimento. Las caracolas conformaban la parte más notable de la vida ritual y económica.

En los yacimientos arqueológicos pampeanos, se han hallado caracoles marinos, incluso en el mencionado de la laguna el “Doce” de la localidad de San Eduardo del Departamento Gral. López.

En una laguna ubicada cerca de la Estación Berreta se encontraron cuatro conchas de moluscos marinos, territorio del asentamiento de la parcialidad de los Caracaraes.

Las influencias culturales en la llanura

Esta extensa región, estuvo poblada por comunidades nómades de cazadores-recolectores y pescadores, que regían su existencia por patrones culturales comunes. A la llegada de los españoles las dos culturas más importantes desde el punto de vista demográfico: los Tehuelches de la subregión pampa-patagónica y los Guaikurues del Chaco, presenta una forma de vida semejante. Luego con la incorporación del complejo ecuestre tuvieron un desarrollo cultural que siguió idénticas etapas.

A partir del siglo XVI los continuos desplazamientos de los grupos originarios de la llanura y a su vez por la llegada de comunidades provenientes de otras regiones de Sudamérica que revitalizaron y en algunos casos modificaron el panorama cultural. En el área chaqueña fueron los Chiriguanos y Chané, y en la pampa-patagónica, los Araucanos. Éste proceso dinamizó las vinculaciones integrando a las distintas regiones del continente.

Nuestra zona era el territorio de las comunidades de los Chana, Chana Timbúes, Caracaraes y Querandíes.

En tiempos tardíos, próximos a la conquista hispana, arribaron los Guaraníes, que imprimieron fuertemente su cultura, sobre “los plásticos ribereños”.

Los Chanas, cuyas características organizadoras, se basaban en una vida semi sedentaria, se dedicaban a la caza, la pesca, la recolección y una incipiente agricultura, introducida por los Chiriguanos.

Desde Mesoamérica, a través de grupos intermediarios, les llegaron los famosos vasos campana, utilizados para alumbrar las sepulturas.

Del Perú, del mismo modo incorporaron, el tratamiento con células vivas, utilizando el propio cordón umbilical disecado de la criatura enferma.

Estas influencias se movilizaron desde las áreas de las altas culturas, pasaron a las áreas de cultura media, hasta llegar a las regiones ocupadas por los grupos de culturas más primitivas. En diferentes circuitos comerciales, llegando a cerrarse el círculo sudamericano cuando desde Chile ingresaron los Araucanos a la Patagonia.

Estas relaciones comerciales fueron enriqueciendo el patrimonio ergológico local. A pesar de ello, los ribereños del Carcarañá y los Querandíes especialmente, continuaron siendo fieles a sus tradiciones culturales.

Los sucesivos aportes, que recibieron a lo largo de su historia no provocaron cambios estructurales. Sin embargo pudieron alcanzar un cierto grado de especialización.

Los Derroteros Hispánicos

Cuando arribaron; los expedicionarios españoles en 1527 a la desembocadura del Río Carcarañá, vieron los sembradíos nativos y denominaron al río, “Carcarañal”.

Además tuvieron la oportunidad de registrar, la llegada de los comerciantes serranos, transportando en sus recueas de llamas cargueras, sus diferentes productos.

En los primeros días de noviembre de 1528, llegó al fuerte de Gaboto, la misión encabezada por Francisco César, quien debido a la confianza que le dispensó el Capitán General, obtuvo de este un permiso especial para “abrir las puertas de la Tierra”, en busca de las mentadas riquezas de la mítica Ciudad Encantada que llamaron “Lin Lin” o “Elelin” y otros “Trapalanda”.

El proyecto venía elaborado antes de anclar en estas riberas y debían cumplirse siguiendo tres itinerarios distintos. La primera columna debía tomar por el camino de los Querandíes. La otra por la de los Caracaraes y la tercera seguiría el curso del Río Carcarañá. El trayecto de las dos primeras debía hacerse rigurosamente a pie, mientras que la del Carcarañá podía usarse canoas y piraguas.

Este hecho histórico dio origen a la leyenda de la “Ciudad de los Cesares”, proveyendo durante tres siglos tanto los motivos (la codicia con los intereses humanos) como el pretexto para la expansión de la frontera sur de España.

Sus primeras promesas de plata están directamente relacionas con varios de los nombres asignados a la República, y a su gran sistema ribereño: República Argentina y Río de la Plata.

Los resultados de esta leyenda, fueron significativos en cuanto a la colonización de las áreas de Córdoba y Cuyo, promovió las exploraciones de la Patagonia; protagonizó un papel importante en las disputas limítrofes entre Argentina y Chile.

Cuando los españoles llegaron a América, encuentran tres grandes civilizaciones: la azteca, la maya y la incásica, portadores de las grandes culturas, además a otros pueblos de una cultura intermedia y a los de una cultura primaria. Todos ellos conectados directa o indirectamente entre sí.

Los Incas, tenían construidos excelentes caminos troncales, que comunicaban con los enlaces a los pueblos de su vasto imperio. Es decir, estos caminos principales eran directos. No pasaban necesariamente por las ciudades, a las que estaban unidos, sin embargo, por vías accesorias (que agilizaban el tránsito de los chasquis), sino que proseguían impertérritos en demanda de objetivos imperiales.

Esta vía principal, excelente y dilatada de 4000 kilómetros era doble: el “Camino de Hainacapac”, que recorría el valle, entre las dos cordilleras, desde Pasto hasta Chile, por más de 900 leguas y el de los “Llanos”, que atravesaba a lo largo de la faja desértica entre la cordillera occidental y el mar, por más de 500 leguas, desde San Miguel de Piura, al N, venía a terminar en el primer camino, cerca de la Provincia de Chile. Ambos tenían de 15 a 25 días de ancho.

Toda esta magnífica obra de la civilización Incásica, fue aprovechada por los conquistadores hispanos, para unir el Perú con el Río de la Plata fundando la ciudad de Santiago del Estero, y a través de ella pudieron llegar a Buenos Aires ya repoblado.

A partir de 1536, la corriente colonizadoras penetraron por los caminos naturales diferentes, utilizados anteriormente por los pueblos originarios.

Por el este, a través de los ríos de la Plata y Paraná
Por el norte, atravesando la Puna y la Quebrada de Humahuaca.
Por el oeste, cruzando la Cordillera de los Andes.

 

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