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La Leyenda del Remanso de la Yegua Blanca

La leyenda, refiere algún suceso importante, ya sean éstos de carácter históricos o míticos en el que se precisan lugares o personajes. El punto de partida es pues un hecho real, ocurrido una vez en tiempos lejanos, alrededor del cual se teje una trama fabulosa pero no ficticia a juicio del pueblo.

Este proceso subjetivo dinamizado por la tradición oral puede sufrir algunas alteraciones por la ingerencia de la transculturación, es decir por la intervención de otra cosmovisión. La vigencia de los hechos, si bien pueden con este nuevo aporte verse revitalizados, seguramente la versión adquirirá otras variantes sin perder el sentido con que fue procesado originalmente.

Con respecto a la leyenda de la yegua blanca, seguramente el factor determinante que trastocó el hilo continuador del relato, fue la erradicación de la población criolla de Desmochado Afuera (lugar donde se gestó) y su inserción en la sociedad casildense. Según cuenta la tradición, en una ranchada situada sobre la margen derecha del río Carcarañá vivía la familia Rodríguez, compuesta por el matrimonio y sus ochos hijos todos ellos igual que su padre eran gente de a caballo, troperos, domadores, que se sabían lucir en las destrezas ecuestres.

Así los había criado don Rodríguez, con esa rígida enseñanza criolla muy duro para con sus hijos, no podía concebir que un potro los bajara.

Un día llegó hasta su rancho, Paulín Villa para que le amansaran una potranca de pelaje blanco (Albino o Palomo). En dicha oportunidad el encargado de realizar la doma fue el menor de los hijos conocido como Juan “Chico”, mozo de linda estampa, bigote y barba afeitados; de mediana estatura, sin ser robusto, era fuerte de brazos y piernas. Estaba hecho a medida para su oficio. Usaba alpargatas, bombachas bataraza y blusa corralera, gorra y pañuelo al cuello.

Luego de degustar el habitual asado del domingo, a media tarde el muchacho se aprontó a echarle los cueros al animal ante la atenta mirada de su padre, y la expectativa de algunos vecinos. Cuando estuvo lista montó y se la largaron del palenque, la yegua corrió un breve trecho y comenzó a corcovear furiosamente; el domador bien enhorquetado iba ganando la partida, pero el continuo bellaquear fue agotando al jinete, en ese crucial momento, por su mente cruzó la imagen del rostro severo de su padre, cuando ya se encontraba al límite de su fuerza tomó la drástica decisión (para no recibir la consabida reprimenda) de encaminar la yegua hacía el río a fuerza de rebenque y espuela donde la hizo despeñar desde una alta barranca, cayendo juntos al agua en un peligroso remanso, en el cual sucumbió el animal arrastrado por los fuertes remolinos en tanto el muchacho pudo ganar la orilla con gran esfuerzo. Desde ese día el remanzo fue conocido como el de la yegua blanca .

Otra versión asevera que el animal se desbarrancó porque tenía los ojos cubiertos con una manta. EL tiempo transcurrido ha ido erosionando la memoria colectiva de tal forma como el agua hizo lo mismo con el viejo camino (Actualmente convertido en un zanjón) que orillaba el boliche de Fronttini y terminaba en el remanso.

En la actualidad la creencia popular le otorga erróneamente esa denominación a otro remanso situado a poca distancia aguas arriba del “Puente de Fierro”.


REFERENCIAS: Antonio R. Tazzioli - Guillermo Ojeda.



E. Aguirre