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La Impronta del Pensamiento Liberal en el Sur Santafesino

XXIV ENCUENTRO DE HISTORIADORES FEDERADOS
DEL SUR DE CÓRDOBA Y SANTA FE

Riobamba (Córdoba), 3 de Octubre de 2015

TÍTULO

“La Impronta del Pensamiento Liberal en el Sur de la Provincia de Santa Fe”

AUTOR: Evaristo Aguirre
evaristo.aguire@hotmail.com

Casilda – Santa Fe
Año 2015

 

La Impronta del Pensamiento Liberal en el Sur Santafesino

Antes de constituirse como una villa, Rosario era siglos atrás el “Pago de los Arroyos”, con aislados rancheríos diseminados en la llanura, surcada por numerosos arroyos, una superficie territorial de la región de la pampa húmeda que tenía como límite; al Río Carcarañá al norte; al sur el arroyo de las Hermanas; al este al Paraná; al oeste una frontera indefinida que podría considerarse la Laguna de Melincué o el fuerte La Guardia de la Esquina.

En los inicios de la época colonial, las formas de acceso a la tierra, la efectuaban los fundadores hispanos, repartiendo los solares en beneficio de sus contingentes militares; o por merced real, España beneficiaba con el otorgamiento de tierras a los funcionarios destacados en acciones de servicios.

En 1689 el Gobernador y Capitán General de las Provincias del Río de la Plata, don J-oseh Herrera y Sotomayor, entregó a Luis Romero de Pineda, el premio del rey, la merced que tenía un frente sobre el río Paraná, que iba desde el paraje de Salinas (Aº Ludueña, hasta “La Matanza”) ubicado en las proximidades del Aº Frías, con un fondo indeterminado hacia el oeste, que luego se limitó a seis leguas desde el Paraná.

A comienzos de 1700 ya existía en la Estancia Concepción de Pineda, próxima a la desembocadura del arroyo Saladillo, un oratorio donde fue instalada la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

En este proceso de poblamiento, los jesuitas tuvieron un papel clave, adquiriendo las tierras de la merced de Antonio Vera Mujica (hijo), ubicadas al norte de la merced de Pineda, con un frente que iba desde el Aº Ludueña, hasta la desembocadura del Carcarañá, donde instalaron la estancia ganadera de San Miguel del Carcarañá, hacia el oeste este latifundio llegaba hasta “Las Tunas” y “Los Desmochados”. Al sur de esta vasta heredad, los descendientes de Pineda, los Gómez Recio y los González Recio, pagaban con tierras sus deudas con el capitán Alonso Suero.

La muerte de Domingo Gómez Recio en 174, significó el abandono de la estancia de la Concepción y la posterior subdivisión de la merced de Pineda. El arribo de otro capitán desde la ciudad de Santa Fe; Santiago Montenegro, quien obtuvo lotes de los que hoy abarcaría desde las calles Urquiza e Italia hacia el Saladillo. En esa extensión planificó la ciudad del futuro con iglesia incluida. Con Montenegro se podrá entender porque Rosario fue conocida como ciudad “fenicia”, porque instaló pulperías, fue ganadero, agricultor y propietario de tropas de carretas. Vendió lotes y la aldea incorporó a nuevos pobladores. Además, Montenegro cumplió otras funciones: mayordomo de la capilla y alcalde de la Santa Hermandad. Pero también fue el jefe de un grupo armado que tenia atribuciones de policía rural. Además solicitó al gobierno de Buenos Aires la creación de un Curato del Pago de los Arroyos, fue nombrado el P. Ambrosio Alzugaray.

La aldea crecía, en 1757 había 104 chacras, los productores de trigo, de acuerdo con lo cosechado tenían que abonar a la curía en concepto de diezmo una cantidad estipulada de fanega de trigo. Por entonces el religioso se quejaba de la estrechez de la capilla y reclamó un nuevo templo, de inmediato Montenegro acudió al reclamo y donó el terreno donde actualmente se levanta la Catedral y parte de la Municipalidad. Menos de 1500 habitantes tenía el Pago de los Arroyos en 1774, con familias usurpando tierras ajenas, dedicándose a la ganadería y en menor escala a la agricultura; y amos que contaban con esclavos y peones, sembrando cereales en los alrededores de las casas, protegidos por precarios cercos para que no fueran destruidos por la hacienda.

Montenegro tenía ciertas atribuciones, como la confección de padrones, donde quedaba clara la discriminación, étnica en la población: los llamados “vecinos” aparecían separados de los indios, mestizos y mulatos, esta clasificación era común en el resto del virreinato.

Ya a fines del siglo 18, existían en el Pago de los Arroyos además de la Capilla de Rosario de los Arroyos, el oratorio de Grondona en el Carcarañál; el oratorio de la posta de Gallegos; y Melincué; el Convento San Carlos en San Lorenzo.

Posteriormente a la Revolución de Mayo, el 21 de septiembre de 1823, los vecinos de Rosario solicitan el cambio de nombre de Capilla por el de Villa en atención a su servicio y se jure por su Santa Patrona Nuestra Señora del Rosario, las gestiones la realizó el cura Silva Braga. Un mes después, el Brigadier Estanislao López envía a la legislatura el pedido. El 12 de diciembre se acordó concederle el título de ilustre y fiel villa, con dependencia de la ciudad capital de la provincia, debiendo reconocerse solemnemente como Patrona a Nuestra Señora del Rosario. El 3 de agosto de 1852 se convertiría en “Ciudad del Rosario de Santa Fe”, aunque hasta 1860 no logra su organización municipal, lo que la mantenía sujeta del manejo del poder que ejercía la jefatura política y policial.

Tradicionalmente, los rosarinos festejaban el día de la Virgen como su día, el origen religioso y la tradición local ratifica y conforma la imagen de que Rosario tuvo una fuerte identidad católica. Esto fue así para la aldea colonial, y para el poblado del periodo siguiente a la independencia.

El Impulso Asociativo en la Etapa de la Confederación

Durante la etapa de la autonomía provincial, no hubo servicios regulares de transporte de pasajeros, ni por tierra ni por agua. El gobierno las desalentaba sistemáticamente e inclusive, las mensajerías disminuyeron en regularidad.

Cuando cae Rosas, el panorama cambia de inmediato a raíz de la apertura de los ríos a la navegación, como así el tráfico terrestre, dispuesto en el acuerdo de San Nicolás. En el también se determinó la supresión de las aduanas interiores y la libre circulación de los productos nacionales y extranjeros entre las provincias. Rosario, se convirtió, después de Caseros, en el centro de las comunicaciones nacionales, tanto en lo referente a acarreos, transporte de pasajeros y cargas; ya sean terrestres y fluviales resultando la ciudad portuaria beneficiada, en gran medida del impulso federalista de Urquiza.

Sin embargo, las cuentas de la flamante Confederación Argentina no rendían al no poder contar con los recursos que concentraba la poderosa aduana de Buenos Aires, que seguía ostentando el mando de la economía. Fue justamente la necesidad de encontrar una salida a la crisis financiera que afectaba a la Confederación, razón que llevo a la sanción de la ley de derechos diferenciales, que entró en vigencia un año después, en 1857 por parte del gobierno que encabezaba Justo José de Urquiza, quien a través de esta medida establecía reducciones arancelarias para la mercaderías introducidas directamente en los puertos confederados y doble impuesto para los que hubieran tocado los muelles porteños. Rosario encontró así un lugar de privilegio en un contexto internacional caracterizado por la expansión y la consolidación del capitalismo como sistema predominantemente productivo.

Dentro de un clima global marcado por las ideas científicas, de liberalismo y progreso, el incipiente estado argentino buscaba perfilar su forma definitiva en un proceso de disputas entre las provincias y Buenos Aires. De esta manera se fue consolidando el nuevo orden económico y político, que progresivamente incidió en el desarrollo de las ciudades como puertos exportadores. Rosario se constituyó en un foco radial de importancia del proceso expansivo de la economía agroexportadora. Hasta ese momento, la actividad de la banca era incipiente, ya que solo operaban el Banco Nacional de Paraná y otro instalado por el Barón de Maú.

Algunos comerciantes intentaron abrirse paso en un sector donde todo estaba por hacerse, como el español Carlos Casado del Alisal, empresario y latifundista que dejaría una fuerte impronta en todo el sur santafesino. El banco Carlos Casado, recibió un fuerte impulso en las etapas iniciales de la guerra del Paraguay (1865 – 1866) a través del capital que ingresaba bajo la forma de suscripciones para personeros de guerra, y para sostener la manutención de familias afectadas por el conflicto.

Por esos tiempos se frustró el proyecto de promover a Rosario como capital de la Argentina.

En la Argentina se inició una política de Estado, en la que la inmigración masiva era un componente fundamental. En nuestra región fue fomentada por políticos liberales como Nicasio Oroño. Algunos inmigrantes llegaron con algún capital, otros con una profesión y la mayoría solo con la fuerza de sus brazos. Los más exitosos se transformaron hacia 1880 en la elite de la ciudad, y muchos de ellos militaron en las organizaciones masónicas.

Los masones recogían los principios de la Revolución Francesa. Libertad, igualdad y fraternidad, y su ideología era anticlerical, pero no atea. En general, creían en Dios (el gran arquitecto del universo), pero combatían el poder temporal de la Iglesia, fijando su creencia en la libertad del hombre, proclamada también por los hombres que afianzaron la nacionalidad argentina. Esa libertad, ímpetu inclaudicable de los masones, subrayó la más amplia concepción de aquel momento, libertad de conciencia. Ésta se centró en la elevación del hombre, y como medio de la educación; ahí debió enfrentarse hacia la incesante lucha. La intromisión religiosa, en una posición negativa constante por la educación laica; la que aspiraba Sarmiento y quería Oroño “…para un pueblo sustentado en la inmigración a la cual debía asimilar la escuela…” (1) Por ende, la enseñanza debía ser común a todos, universal y obligatoria, así como la tolerancia de los cultos, constituye un principio insoslayable.

Otra de sus luchas fueron las reivindicaciones obreras, y la creación de los sindicatos, ayudando a los obreros mediante el suministro de raciones de alimentos, asesoramiento legal, y apoyo moral destinado a garantizar el éxito de sus reivindicaciones.

 

(1) Suárez Adolfo: Logía Unión Libertad – Su pasado y su presente en sus 103 años.

Sus actividades en la ciudad fueron la organización de las “tenidas” o reuniones, algunas públicas, otras secretas; y la participación en actividades filantrópicas. Así fueron los iniciadores de la filial local de la Cruz Roja. Colaboraron en la construcción del Hospital Italiano Garibaldi y del Hospital Español, y solventaron escuelas, bibliotecas y asilos.

También hubo logias que apoyaron la Reforma Universitaria de 1818 y aseguraron que la constitución provincial de 1921 tuviera la orientación liberal y progresista que se plasmó en su texto.

Las logias locales estudiaron, planificaron y operaron a favor de la inmigración, de la explotación racional de los recursos, de la integración de capitales con los métodos modernos de producción.

Los masones rosarinos se destacaron por su práctica de la solidaridad y su compromiso social: entre 1860 y 1870, la logia Unión se ocupó de rescatar cautivos de los malones que caían sobre el sur santafesino y de asistir a los enfermos durante la epidemia de cólera de 1867. El templo de la calle Laprida fue hospital de sangre en la revolución que, en 1893 y desde Rosario, lideró el radical y masón Leandro N. Alén contra el presidente liberal y también masón Miguel Juárez Celmán.

La masonería argentina acepta, predica y practica la tolerancia y la libertad intelectual y religiosa, propicia el laicismo del Estado y de la educación pública, defiende la democracia y alienta la participación individual de sus miembros en cualquier asunto de interés público, incluida la acción política. El movimiento obrero, también a principios del siglo XX, estaba fuertemente influenciado por el anarquismo. Los anarquistas consideraban que los enemigos del movimiento obrero eran los patrones y el Estado, pero también los curas y militares.

A pesar del laicismo predominante, había un sector importante de militares católicos. Uno de sus líderes era el político y hacendado Antonio Cafferata, fundador del Circulo Católico de Obreros.

Cafferata y otros miembros católicos de la elite, propusieron en 1808, la instalación de un obispado en Rosario. Los argumentos de esta iniciativa, se fundamentaba de que era necesario para consolidar el proceso de la ciudad y para ordenar lo que consideraban cierta anarquía moral, producto del cosmopolitismo de la población.

La reacción a esta propuesta no se hizo esperar: la protesta se manifestó en principio en un petitorio al gobierno nacional en contra de este proyecto, para lo cual recogieron firmas. Algunos comerciantes rosarinos, más de 1000 adherentes, en su mayoría de personas altamente conceptuadas en esta ciudad.

El texto de la solicitud era el siguiente: “Los que suscriben piden respetuosamente a V.E quiera tener muy en cuenta que en esta ciudad, eminentemente comercial, y en su mayoría de ideas definidamente liberales, piensan que la creación de un obispado es acto que no solo recarga el presupuesto de la nación, sino que es algo tan innecesario que bien puede eliminarse, asegurando a V.E que si en esta ciudad se llamase a plebiscito controlado, ya sea permitiendo el voto a ambos sexos. La mayoría abría de votar para que V.E no se preocupe de dotarnos de obispo, personaje que conceptuamos sin utilidad y contrarios a la mayoría de opinión de este pueblo que piensan que deben cesar los escándalos que de un tiempo a esta parte se vienen produciendo de esta parte del clero”. (2)

Con esta primer proclama se constituyó la Liga Liberal, en la cual se agruparon todas las organizaciones masónicas, el Partido Socialista, algunos intelectuales anarquistas, profesionales reconocidos y notorios empresarios. Organizaron mítines en los teatros rosarinos como el Politeana, en los que se pronunciaron enardecidos discursos anticlericales entre los oradores estuvieron Alfredo Palacios, invitado especialmente por la Liga, Tobías Arribillaga, político radical, y Enzo Bordabehere, quien luego militaría en la Liga del Sur.

También formaron parte de la Liga Liberal, el juez Serafín Álvarez, padre del historiador Juan Álvarez, el político y abogado español J. Daniel Infame, quien trabajó para el empresario Carlos Casado del Alisal y el médico y futuro intendente Manuel Pignetto. Estas reuniones se llevaron a cabo durante los meses de agosto y septiembre de 1908, pero luego hubo otras similares en 1910, que no tuvieron la misma intensidad que las primeras.

(2) Gluck Mario: Diario La Capital – Aquel Rosario Anticlerical 8/10/2006.

 

Las razones para que un conglomerado tan heterogéneo, tanto desde el punto social como ideológico, opusiera tanta resistencia al avance de la Iglesia, fueron varios. Anarquistas y, en menor medida, socialistas consideraban a la religión como el “opio del pueblo”. Para aquellos burgueses de origen mayormente italianos o españoles, el clero representaba el freno al progreso de su patria de origen. Sin embargo, esta particular convergencia tenia un denominador común, todos opinaban que Rosario era una ciudad “moderna”, en la que los valores claves eran el trabajo y el progreso.

Este mismo pensamiento fue instalado por estos empresarios en los pueblos y colonias que fueron fundadas en la región.

En el año 1885, con motivo de incorporar modernas maquinarias agrícolas a la Colonia Candelaria, al llegar el tren del Ferrocarril Oeste Santafesino, en el cual era transportado desde Rosario este cargamento, al ingresar al centro de la ciudad atravesaba un arco de triunfo para festejar este evento; en el cual se había impreso la siguiente leyenda: “Donde hay libertad hay trabajo”.

En el año 1925, la elite rosarina decidió festejar sus logros, por lo que trató de construir el primer mito fundacional. La iniciativa fue planeada por el concejal Calixto Lassaga, en marzo de 1924, en el seno del Consejo Municipal. La idea era designar el día oficial de la ciudad dando crédito a la versión que daba Pedro Tuella, primer historiógrafo de la ciudad. Esta versión otorgaba la fundación sin acta al encomendero Francisco de Godoy, quien se había asentado en esta zona, junto con indios calchaquíes provenientes del norte santafesino en 1725, faltándole una fecha precisa, indispensable para una celebración, Lassaga proponía tomar alguna fecha de trascendencia histórica. La elegida era el 27 de febrero, cuando Belgrano izó por primera vez la bandera. Las opiniones eruditas desestimaron en general esta hipótesis. Sin embargo el proyecto fue retomado al año siguiente por otro concejal, Antonio Cafferata, que ratificó de algún modo, la propuesta de Lassaga a partir de los archivos eclesiásticos, que constataban que en 1726 en los arroyos existió una capilla llamada Nuestra Señora del Rosario a cargo de un sacerdote. Por lo que se podría deducir que un año antes la hubiese fundado Francisco de Godoy. Considerando que el hecho fundante estaba en la existencia de la capilla, propuso que el día de la ciudad el onomástico de la Virgen. De esta manera, el catolicismo lograba una victoria simbólica, otro militante de la Liga Liberal aceptó la propuesta refrendando el decreto.

Evidentemente había cierta urgencia de parte de las elites rosarinas de festejar sus logros y la decisión de hacerlo se concretó en 1925, acorde a los cambios que se estaban produciendo en el imaginario de la población, en cuanto a la religión oficial se refiere.

La burguesía local abandonaba sus tradiciones liberales y anticlericales. La mosonería en sus funciones de sociabilidad y filantropía, comenzaba a ser reemplazada por otras organizaciones laicas más neutrales con el catolicismo, como el Rotary y los Clubes de Leones también (fundados por los masones), mientras que el anarquismo desde 1910 fue perdiendo influencia en los movimientos obreros.

Aun así, el Obispado de Rosario se creó recién en 1934.

El liderazgo de la ideología liberal, incentivado por la oligarquía aristocrática, vaciló ante el desarrollo del nacionalismo argentino en el siglo XX, la diversificación económica y las nuevas demandas de una democracia social y económica.

La profusamente difundida reacción económica, social y cultural del siglo XX, contra el imperialismo de la era precedente, cobró gran importancia en la Argentina que no sólo aceptó sus principios y modalidades, sino sumó además sus propios elementos nacionales. El énfasis sobre su autodeterminación en todas las fases de la vida nacional, sobrevino naturalmente en el país, compelido desde sus primeros días a crear un estilo de vida propio más allá (aunque diferentes) de los elementos indígenas y españoles; sus características criollas, se incrementaron considerablemente de esta posición, tal como ocurrió con su determinación de utilizar costumbres, valores e instituciones que emanaban de sus raíces históricas, antes que aceptar trasplantes europeos; íntimamente relacionados con estos sentimientos subyacía el amor por la tierra, heredado de los pueblos originarios y especialmente consolidado en todo el ámbito de las regiones septentrionales y occidentales donde se efectuaron las primeras colonizaciones españolas entre extensas poblaciones indígenas; este compromiso con la independencia; continuó manifestándose en rasgos tales como susceptibilidad anormal hacia las criticas extranjeras o sospechados intentos de dominación política foránea, como en su oposición a los Estados Unidos en los asuntos interamericanos y rechazo de a inversión extranjera como explotación económica.

Hacia la década de 1890 la Argentina había emergido en su largo proceso de reorganización nacional.

La Impronta del Pensamiento Liberal en Casilda

El impulso asociativo que caracterizó la etapa de la Confederación Argentina, nos muestra, no solo una multiplicación de experiencias sino su institucionalización. Es indudable que para el liberalismo, este tipo de estrategias resultaban en gran medida valiosas en la generación de valores vinculados a la libertad y a la República.

El término liberales es comúnmente aplicado a los dirigentes políticos argentinos del siglo XIX, que favorecieron la adopción de ideas, orientaciones y prácticas europeas originadas en la ilustración del siglo XVIII, Rivadavia y los unitarios, Mitre, Sarmiento fueron sus exponentes y alentaron entre otros proyectos la inmigración masiva.

A diferencia de lo que sucedió en el mundo europeo, el pensamiento liberal criollo se desarrolló primero entre los artesanos extranjeros para implantarse luego en la elites locales, esto respondió en parte a la necesidad de los propios inmigrantes de reproducir prácticas de su país de origen, en un mundo en el que estos sentían la ausencia de los vínculos primarios sólidos con la sociedad local.

Las formas de asociaciones emprendidas por los primeros pobladores de Villa Casilda, se fueron concentrando a través de diversas organizaciones, los colonos estuvieron relacionados con el mutualismo entre integrantes de la misma colectividad; la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza fundada en 1875 y la Sociedad Española de Socorros Mutuos veinte años después.

La Colonia Candelaria fue desde sus comienzos mayoritariamente católica, aunque no estuvo estrechamente vinculada a la curia por la ascendencia Liberal Italiana, los grandes conflictos acontecidos entre el papado y la Nueva Italia Unificada, explican el distanciamiento con la curia local y la poca incidencia que ésta consiguió en el manejo público.

La impronta de los libres pensadores se evidencia en la simbología grabada en las medallas conmemorativas, en el Escudo de Armas de Casilda, en las placas que identifican a la Biblioteca Ferroviaria, a la Biblioteca Popular Carlos Casado, en el ornato que decoran a antiguas edificaciones.

La atención constante de la población estaba concentrada en los eslogan que hacían referencia al trabajo, el proceso, la libertad, eran tiempos en el que la libertad era un mito y de cuyos beneficios se esperaba el desarrollo material.

El 29 de septiembre de 1907, Villa Casilda fue elevada al rango de Ciudad, en ese magno evento estuvo de manifiesto el espirito de aquellos libres pensadores quienes asumieron el compromiso de trabajar siempre por el engrandecimiento de la naciente ciudad, ya no estaba la presencia física de la singular figura del fundador de la Colonia Candelaria, empresa donde puso de manifiesto toda su prolijidad, trasmitiendo la confianza a los hombres que lo secundaron, poniendo énfasis no solo en el trabajo sino que también abarco los aspectos recreativos, culturales y deportivos.

Casilda es heredera de ese gran proyecto ideado y desarrollado por ese portentoso empresario, que lo erigen como una de las figuras más representativa del ideario positivista que enmarco a los hombres de esa generación que abrieron el derrotero del progreso.

Paralelamente, Juan Pescio, fundador del pueblo Nueva Roma, hoy uno de los barrios más populosos de Casilda, también delineó proyectos grandiosos para su pueblo, con otras concepciones y sin contar con el respaldo y las vinculaciones políticas con las que contó Casado.

Había vivido en el proceso revolucionario de los Liberales Mazzini y Garibaldi, asimiló la ideología del Resurgimiento Italiano, constituyéndose en un ferviente defensor del Liberalismo ideales independentistas y filiaciones monárquicas, imbuido por la necesidad de resaltar los valores y símbolos característicos de la Nación – Estado Italiano, trasvasó a nuestro ámbito estas necesidades políticas que había internalizado en su tierra de origen, asociando a esto el deber moral de operar como difusor de los ideales progresistas.

El Universo Espiritual

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el país recibía las nuevas tendencias provenientes del viejo mundo las ciencias ocultas comenzaron a filtrarse en los textos de los autores nacionales desde Juana Gorriti y José Hernández hasta Leopoldo Lugones y Oliverio Girondo.

El espiritismo sirve también de este modo, para abrir una nueva posibilidad narrativa y lindar con lo fantástico. Ensanchando los topos literarios, en aquella atmósfera irán creciendo numerosos relatos del siglo XIX.

Si la dupla positivismo-espiritismo en la primera década del siglo XX, puede considerarse como la disociación clásica entre el espacio público y el privado respectivamente, resulta importante destacar en los aspectos positivistas de ese espiritismo tras los ámbitos herméticos, y en las filtraciones del espiritismo en los mensajes, investigaciones y prácticas científicas del positivismo en espacios abiertos. Como se publica en las revistas, como se incorpora en cátedras y conferencias, como determina algunas acciones políticas.

Positivismo, espiritismo, socialismo, interactúan y a veces se contradicen. Las lecturas de Bojarin, Spencer y sus seguidores, León Hipólito Denizart Rivail (Allan Karder)atentarán contra la unidad de pensamiento. A este espectro abría que incluir la tendencia anarquista.

El repensar la Nación, absorbiendo las nuevas tendencias, supone la formulación de una postura que justifica la elaboración de un proyecto nacional que encauce al país de un modo definitivo hacia el derrotero de las modernizaciones.

 

5º ENCUENTRO INTER ASOCIACIONES DE HISTORIA REGIONAL

San Lorenzo, 22 de Agosto de 2015

RESÚMEN

TÍTULO: La impronta del pensamiento liberal en el sur de Santa Fe.
AUTOR: Evaristo Aguirre.
LOCALIDAD: Casilda.

Desde el siglo XVII con la edificación de su estancia, don Luis Romero de Pineda y el oratorio donde este instala la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción, se da comienzo a un proceso de ocupación territorial en el antiguo Pago de los Arroyos. En este proceso de poblamiento, los jesuitas tuvieron un papel clave, a partir de la instalación en 1719 de su estancia ganadera de San Miguel del Carcarañal. Ya en 1803 existían en el sur santafesino: la Capilla de Rosario de los Arroyos, Melincué, el Oratorio de Grondona en el Carcarañá; el Oratorio de la Posta de Gallegos y el Convento San Carlos de San Lorenzo. El origen religioso y la tradición local, ratifican y confirman la imagen que: “Los Arroyos” tubo una fuerte identidad católica. Esto fue así para la época colonial y el periodo siguiente a la independencia. Recién en la etapa de la Confederación Argentina, surge una política de Estado en la que la inmigración masiva era un componente fundamental. En nuestra región fue fomentada por políticos liberales como Nicasio Oroño. Los inmigrantes más exitosos se transformaron, hacia 1880, en la elite de la ciudad de Rosario, y muchos de ellos militaron en las organizaciones masónicas. El movimiento obrero, también a principios del siglo XX, estaba fuertemente influenciado por el anarquismo. Las razones para que un conglomerado tan heterogéneo, tanto desde el punto de vista social como ideológico, opusiera tanta resistencia al avance de la Iglesia, fueron varias. Anarquistas en menor medida, los socialistas consideraban a la religión como el “opio del pueblo”. Para aquellos burgueses de origen mayormente italianos o españoles, el clero representaba el freno del progreso en sus patrias de origen.

 

 

 

 

 

Bibliografía

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-La impronta del pensamiento liberal en Casilda.
Periódico La Voz del Pueblo: 26 de septiembre de 2008.

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-Historia del siglo y medio – Masones rosarinos silencio.
-Sos artesano del libre pensamiento.
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-La generación del 80 – Ciclo de tres conferencias.
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-Logia unión libertad: su pasado y su presente en sus 103 años.

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