Trabajos de Investigación >
Melicué foco radial de las Guarniciones Militares y las Comunicaciones

El territorio arroyeño

El territorio comprendido al sur del Río Carcarañá y la ribera occidental del Paraná constituía una vasta heredad regada por varios cursos de agua a partir de la ribera sur del citado río en primer término, el arroyo Blanco o San Lorenzo; el arroyo Salinas o Ludueña; el arroyo Romero o Saladillo; el arroyo del Animal (también denominado como Zanjón o Boquerón) o Frías; el arroyo Seco; el arroyo Pavón; el arroyo Galloso o del Medio; el arroyo Ramallo que se extendía hasta la Cañada de Las Hermanas; en la actual provincia de Buenos Aires. Al oeste se extendía hasta la Laguna de Melincué. Esas características del medio geográfico hicieron que desde el siglo XVII la comarca se la denominara como “Los Arroyos”.

Varias fueron las tentativas de poblamiento emprendidas por los expedicionarios españoles, el 9 de junio de 1527 en la desembocadura del Carcarañá, Sebastián Gaboto fundó el Fuerte Sancti Spíritu. Luego Ayolas, en 1535 fundó el Fuerte Corpus Cristi a poca distancia de la zona conocida como el Rincón de Gaboto o Rincón del Carcarañal. Al año siguiente Pedro de Mendoza mudó a otro sitio distante cuatro leguas al norte, en la zona que posteriormente se la denominaría “Pago de Coronda”, denominándolo Buena Esperanza. Todos estos débiles asentamientos fueron destruidos por los indígenas ribereños, Chana-Timbúes, Querandíes y Guaraníes.

Tan vasta región con frente de 145km sobre el Paraná en el que luego quedaría delimitado el antiguo “Pago de los Arroyos” desde la conquista la cruzaron los españoles que iban y venían en carretas o cabalgando entre Buenos Aires y las poblaciones del interior, Chile, Perú y el Paraguay. Durante más de tres siglos aquellos viajeros soportaron los avatares que sobrevenían en este tránsito, siendo víctimas de asaltos por parte de los indígenas y bandoleros.

En las primeras décadas del siglo XVIII los pobladores provenientes de la ciudad de Santa Fe, que se asentaron en Los Arroyos y Carcarañá, no podían arriesgar a internarse en las pampas más de cuatro leguas por el peligro a ser asaltados.

En los comienzos, fuera de tres o cuatro pueblos fundados por necesidad y estrategia, todo lo demás del territorio del gobierno del Río de La Plata era un desierto. De Santa Fe a Buenos Aires navegando el Río Paraná no había ningún puerto, salvo el de Baradero, fundado en 1616. El de las Conchas donde se construyó provisoriamente un fuerte y en 1676, un pueblo, desde cuya época fue puerto de embarcaciones y viajeros. En el arroyo de las dos Hermanas fundándose un pueblo arriba del puerto del mismo nombre y un camino hacia Córdoba.

En 1630 se levantó una capilla en Luján y en 1680 se formó un pueblo, y más tarde en 1725 se creó la Villa del Rosario o Los Arroyos, pago dependiente de Santa Fe y en 1749 Las Hermanas o San Nicolás, pago dependiente de Buenos Aires, y San Antonio de Areco en 1732, pero el paso por este puerto era peligroso a causa de las continuas invasiones de los indios pampas.

El itinerario seguido por los viajeros desde Buenos Aires a Córdoba en 1658 recorría desde Buenos Aires hasta Río Luján, de aquí al Río Arrecife pasando por varias viviendas y chacras cultivadas por españoles; del Saladillo, dejando la provincia de Santa Fe a Córdoba, costeando el río. El camino entre Buenos Aires y el Paraguay seguía el curso del Paraná pero alejado de la costa, evitando los pasos peligrosos de las cañadas y arroyos, además la costa era frecuentada por indígenas de las islas y navegantes del norte.

Los primeros caminos desde Buenos Aires hacia el interior

Uno de los primeros lugares del norte de Buenos Aires en la ruta de Santa Fe, que es mencionado por la documentación es Monte Grande, actualmente San Isidro. Era el camino sobre la barranca señalado por Garay quién estableció además que entre cada dos suertes quedara siempre un camino de doce varas que fuera corriendo desde el principal hasta los ríos y aguadas. A medida que la población fue extendiéndose, el camino comunicó a Buenos Aires con Monte Grande y Las Conchas (Tigre).

El camino principal era el que daba a los fondos de las chacras, pero principal por su importancia era el corría por la barranca cabecera de las tierras otorgadas por Garay. Su importancia radicó porque por esta vía circulaban los frutos de la tierra que llegaban a este punto (San Isidro) que oficiaba como una despensa de Buenos Aires.

Además de los dos caminos principales en lo alto, el trajín de carretas y cabalgaduras fue trazando otro en el bajo que pese a no tener nada que ver nada con el de la barranca. En un principio este camino del bajo llegaba hasta la punta de Olivos, en lugar donde la barranca se aproxima más a la costa, el camino comenzaba a ir por encima de ella uniéndose, cerca de San Isidro, con el del alto.

En 1626 el gobernador Francisco de Céspedes manifestó al Cabildo de Buenos Aires que era obligación de quienes gobernaban procurar tener reparadas las calles, las fuentes, los puentes, las murallas y los caminos con la finalidad de que los vecinos pudiesen transitar y permitir el comercio con las provincias del interior, para lo cual se debía disponer el paso del Río de las Conchas y el de Luján y Arrecifes donde su cruce era dificultoso, y efectuar el acondicionamiento en la zona de Pergamino, lugar este para pernotar.

La importancia de la ruta que se dirigía a Córdoba hizo que el gobernador de Buenos Aires, José Martínez de Zalazar, en 1.663 que los viajeros que iban desde la metrópoli o que procedían del interior a pie o a caballo o en carreta, no vayan ni vengan por otro camino que por el donde está la guardia del Río de Luján, por ser este el camino real más directo. Estas disposiciones se mantienen durante este siglo y el siguiente. Desde el trazado del camino a Córdoba, la ciudad de Luján sería la llave de las comunicaciones entre Buenos Aires y el interior.

En 1.772 el gobernador Vértiz ordena lo mismo. Pero en ese entonces fueron razones de orden fiscal las que originan esta medida. Con la finalidad de evitar fraudes y contrabando, las tropas de carretas o las arrias de mulas que pasaran por la Guardia de Luján (Mercedes) debían registrarse en la playa de aquella Villa de Luján (Luján).

Los caminos que arrancaban desde Rosario

Según el plano levantado por los agrimensores Bustinza y Blyth, con el objeto de determinar los terrenos de propiedad fiscal en el antiguo Departamento Rosario se puede apreciar la planta urbana de Rosario con los seis caminos que de ella partían: 1) el que se dirigía a Santa Fe; 2) el que iba a Córdoba, que luego se bifurcaba formando el de postas a córdoba y el que va al Desmochado; 3) al Saladillo Arriba, de postas; 4) a las estancias del sur, y, 5) a Buenos Aires, que antes de llegar al Arroyo Saladillo se divide en dos, el de la izquierda conduce a la Posta de Sauza donde se une al de las Tropas de Buenos Aires, y el de la derecha, que también se bifurca luego de atravesar el Saladillo, uno rumbo al sur evitando los bañados que dan origen al arroyo Seco y el otro cruzándolo hasta alcanzar ambos la ciudad de San Nicolás de los Arroyos.

La entidad político-estratégica del Virreinato

La Real Orden del 24 de octubre de 1.777 dispuso el regreso a España del Virrey Cevallos y de la fuerza expedicionaria que participara en las contiendas con los portugueses, aunque facultaba al virrey a dejar en el Río de la Plata los efectivos y el armamento que apreciase necesarios para la defensa del territorio.

De acuerdo con el nuevo virrey designado por Real Cédula del 27 de octubre del mismo año, don Juan José Vértiz y Salcedo, Cevallos resolvió completar los efectivos de las unidades veteranas que constituían la guarnición estable de Buenos Aires.

El 30 de junio de 1.778 cuatro días después de haber entregado el mando a su sucesor, el Teniente General Cevallos y el resto de la fuerza expedicionaria emprendieron el regreso a la metrópoli. El día 12 de ese mes, Cevallos había firmado la Memoria o Relación de Gobierno, que en cumplimiento de la Real Cédula de Felipe III (del 22 de agosto de 1620) debió redactar para informar a su sucesor sobre el estado de los asuntos del gobierno del virreinato. La Memoria trataba entre otros temas, sobre frontera de indios, armas, tropas y milicias, temporalidades, faena de cueros, etc. La Real Cédula del 1º de agosto de 1.776 (aunque asignaba un carácter provisorio al virreinato) era muy precisa en cuanto a su jurisdicción territorial y en cuanto a la finalidad militar de la expedición comandada por el virrey Cevallos.

La jurisdicción dispuesta por el Rey Carlos para el Virreinato del Río de la Plata en ese documento fundacional, fue ratificada cuando se le otorgó carácter definitivo al nuevo virreinato, en oportunidad de ser designado como virrey el Mariscal de campo Juan José Vértiz y Salcedo. Se extendía sobre una cuarta parte de la América del Sur, y tenía salida al Océano Pacífico por la intendencia de Potosí.

La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1.777, confirmada dos años después, segregó la provincia de Cuyo de la Capitanía General de Chile.

No toda la superficie del virreinato estaba ocupada, ni aún explorada, particularmente la zona del Chaco y la que se extendía al sur de la línea general de Magdalena, Luján,
Salto, Pergamino, Río Cuarto, San Luis, San Carlos, que recibió la indefinida denominación de “el desierto”; y la inclusión de la Patagonia en la nueva entidad política.

Sin desconocer las causas económicas, o jurídicas-administrativas que pueden considerarse contribuyentes a la creación del Virreinato del Río de la Plata, las causas fundamentales fueron de carácter estratégico, general y militar. Así lo comprueba la Real Cédula fundacional y la Instrucción de Gobierno, condice con las exigencias políticas y estratégicas que, objetivamente, España debía afrontar en ese momento.

La subdivisión territorial de virreinato y su ordenamiento jurídico-administrativo-militar se demoró hasta 1.782, cuando con fecha 28 de enero de ese año, el Rey Carlos III dictó la “Real Ordenanza para el establecimiento e instrucción de intendentes de exército y provincia en el virreinato de Buenos Aires” cuyos artículos 1ero y 7mo establecían que el virreinato se dividiría en 8 intendencias: Buenos Aires comprendía Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, parte de la Banda Oriental, la Patagonia, el archipiélago de las Malvinas e islas australes.
La magnitud y característica de la jurisdicción asignada al virreinato y en particular su salida a ambos océanos, a la vez las medidas de todo orden que adoptan los primeros virreyes, permitieron que a menos de una década de su creación el Virreinato del Río de la Plata constituyera una entidad política y estratégica, así lo prueban los acontecimientos históricos, aún en el proceso de la independencia de las provincias unidas; en cuanto a la desintegración de sus territorios periféricos se explican por otras razones que no contradicen lo afirmado.

Las primeras fortificaciones en el Pago de los Arroyos

La zona intermedia entre Santa Fe y Buenos Aires constituía un estratégico territorio el cual era surcado por los principales caminos que confluían en el único puerto de salida y comunicación directa con España. Es por dicho motivo que no sólo pasaban las comunicaciones sino también el intercambio de mercaderías, siendo casi puerto preciso de detención para viajeros y comerciantes. Así de esta forma se fue cubriendo el actual territorio argentino.

La provincia de Santa Fe había sido arrasada por los malones provenientes del norte de los abipones y mocovíes en la primera mitad del siglo XVIII; y los pampas que incursionaban desde el sur. Esta situación determinó que en 1.750 se erigiera una precaria fortificación en la esquina del Carcarañá, surgía así el Fuerte de la Esquina, primera guarnición militar en el S.O. de la actual provincia de Santa Fe.

El gobernador del Río de la Plata Francisco Bucarelli y Urzua, con el objeto de reconocer y asegurar el tránsito por los caminos de postas que se dirigían a Córdoba, Cuyo y Chile, dispone el encuentro en la Laguna de Melincué de tres fuerzas expedicionarias con el objetivo de constatar el estado de situación de postas y fuertes e inspeccionar nuevos parajes estratégicos para ser fortificados, y de esta manera contener el malón de los pampas, que dificultaban el libre tránsito de las caravanas de carretas y las arrias de mulas.

El incremento del tráfico interno y la intensa acción bélica de parte de los pampas sobre toda la región, incluida la de Santa Fe, activó la lucha por controlar la frontera, esto llevaría a las autoridades españolas a crear una línea de fuertes para asegurar su dominio. Así es como un convenio entre el Teniente Gobernador de Santa Fe, Melchor Echagüe y Andía con el Virrey Cevallos establece la fundación de los fortines de India Muerta, Melincué y reacondicionamiento de La Guardia de la Esquina en el año 1.777.

Hacia el mes de septiembre de ese año el Virrey Pedro Cevallos comisionó al Comandante Juan González para reconstruir el fuerte de India Muerta (Situado en un paraje a 10 kilómetros al N.E. de la actual localidad de Máximo Paz) que se hallaba en muy malas condiciones. Ante esta situación, González propuso la posibilidad de levantar un nuevo fuerte en Melincué. Si bien el virrey aprobaba la idea de González, optó además repoblar también el fuerte de India Muerta, enviando a ese destino al Teniente Jaime Viamonte.
De esta manera con la conducción de Juan González, el 15 de noviembre de 1.777 se construyó de forma precaria el primer fuerte de Melincué. Luego este fuerte sería objeto de sucesivas reconstrucciones en las cercanías de la laguna. Estas fortificaciones enclavadas en la frontera santafesina ya fuera por su precariedad o la gran distancia que mediaba una de otra, no lograron impedir las reiteradas invasiones de los pehuenches, ranqueles y huilliches.

La guardia de la Esquina estaba ubicada sobre la margen derecha del Río Carcarañá, si bien pertenece a la jurisdicción de Santa Fe, fue considerada durante muchos años como el deslinde territorial de la jurisdicción de Buenos Aires y Córdoba. Por la misma pasaba el camino real de Buenos Aires al alto Perú y Chile, a un kilómetro hacia el este de esta guarnición se encontraba establecida desde el año 1.771 una posta que estuvo a cargo de don Fernando Sueldo.

Los derroteros de la Pampa

Los intereses comerciales vinculados a las ciudades del interior necesitaban que se asegurasen los caminos y cómo eran ellos los que contribuían con mayores aportes a los gastos de guerras, limitaban sus proyectos a un programa mínimo.

Los hacendados interesados en aumentar la producción de cueros sostenían la necesidad de llevar la línea sur de la frontera hasta las serranías de Tandil.

Extender la línea de frontera era crear nuevos terratenientes, es por eso que los antiguos defendían su posición conservadora para no menguar su monopolio comercial, mientras el Cabildo era partidario de ampliar la frontera al igual que la metrópoli, Santa Fe necesitaba extender zona de seguridad hacia el interior del desierto, máxime cuando en 1.750 fue menester trazar un nuevo camino de postas hacia Chile, por la Villa de la Concepción del Río IV. Ante la imposibilidad de una ruta marítima no quedó otra opción que la fundación de poblaciones a lo largo de las pampas para establecer las comunicaciones. El camino al interior fue bifurcado en Pergamino y la nueva ruta se dirigía hacia la laguna de Melincué en dirección a las Puntas del Sauce (La Carlota) acortando considerablemente la distancia hacia los reinos de Chile.

Desde la Punta del Sauce hasta el Fuerte Mercedes (ciudad de Colón) existían las siguientes distancias: a Fortín Loboy, 8 leguas; a la Laguna del Pozo Pampa, 8; al Fuerte Las Tunas, 2; al Zapallar Grande, 4; al Zapallar Chico, 4; a la Laguna del Hinojo (Venado Tuerto), 4; a Laguna Larga (hoy Carmen), 4; a Melincué, 4; al Montecito, 2; a la Laguna Salada, 2; a los Chañarcitos, 4; y el Fuerte Mercedes, 3.

En 1.739 los malones indígenas habían desplegado una devastadora invasión que abarcó 100 leguas, el 13 de octubre de 1.751 la población de Pergamino fue destruida.Al año siguiente, atendiendo a la solicitud de los aterrorizados vecinos de la campaña fueron creados tres nuevos fuertes: el de Salto, Laguna Brava y Magdalena. Tres años después, el de Pergamino.

La fortaleza de San Juan Bautista de Melincué constaba de comandancia, capilla, viviendas de barro y paja para los soldados, zanjeado del contorno del recinto y puente levadizo.

El 10 de agosto de 1.779 fueron designados capellanes para las nuevas poblaciones los franciscanos Francisco Albarracín y Bruno Hernández para Melincué e India Muerta respectivamente.

La guarnición de Melincué alcanzaba a 50 soldados y a 25 en India Muerta. El comandante del primero era Juan González y Antonio Moraya, del segundo.

La presencia de la Guardia de la Esquina, India Muerta y Melincué

El camino de las pampas vinculaba a la guardia de India Muerta y Melincué con el Fuerte de las Tunas (1.779), ubicado en el extremo oeste de la frontera de Córdoba y, poco después el Fortín Loreto, ubicado en el paraje denominado como el Zapallar (al sur de la actual localidad de Maggiolo Santa Fe punto intermedio entre Melincué y las Tunas. Luego reconstruido en la jurisdicción de Córdoba.

La posición de vanguardia del Fortín de Melincué respecto a los caminos que se dirigían hacia Cuyo o Córdoba le confería un importante valor estratégico por el dominio de la laguna y por constituir un enclave defensivo contra los malones sobre el tránsito que se operaba por la más importante y primera vía de comunicación que cruzó el Pago de Los Arroyos, desde India Muerta a Guardia de la Esquina, luego rectificado por Los Manantiales, Candelaria, Desmochado, Arequito y Guardia de la Esquina.

Poco después del establecimiento del fuerte de Melincué, tomaría forma un nuevo camino real de Buenos Aires a Chile, que uniría a Melincué al este con Fortín Mercedes (Colón), Rojas, Salto, Fortín de Areco (Carmen de Areco), Guardia de Luján (Mercedes), Villa del Luján (Luján) y Buenos Aires; y al oeste con Loreto (Maggiolo), Las Tunas (Arias), La Carlota, Río cuarto.

Con la construcción del fuerte quedaban asegurados los caminos de postas y los de tránsito pesado (de carretas o arrias de mulas) hacia la Villa de la Concepción del Río IV y las provincias de Cuyo ya que los caminos reclamados por el comercio interno y la circulación de la correspondencia debían cruzar la inmensidad de la llanura, pleno dominio indígena.

Otras variantes que llegaban al fortín San Juan Bautista de Melincué se desprendía del camino real desde Pergamino.

Otro camino que se dirigía a esta guarnición era el camino que partía desde Rosario, costeaba la margen izquierda del Arroyo Saladillo y pasaba por la posta de Domingo Correa, situada en el paraje de Los Manantiales de la Horqueta y luego de cruzar el Saladillo se dirigía con rumbo S.O. hasta alcanzar la laguna de Melincué. Otro camino que también venía de Rosario era el camino del Plata (actual Ovidio Lagos) tras cruzar el Arroyo Saladillo (zona del Puente Gallegos) continúa con el mismo rumbo que el camino anterior pero más al sur.

El camino que se dirigía a Cuyo pasaba por el sur de la laguna de Melincué y desde allí se bifurcaba en tres caminos, el del poniente, camino de Mendoza, el del medio que va al Saladillo arriba, este salía al Sauce que era menos peligroso que el anterior al estar menos expuesto al ataque indígena, y el tercer camino era el que se dirigía a Córdoba.

El primer camino que cruzó el Pago de los Arroyos, proveniente de Buenos Aires y se seguía a Chile y el Alto Perú, pasaba por Pergamino y a 16 leguas se ubicaba India
Muerta y luego de este paraje a 24leguas se encontraba con la Guardia de la Esquina, ya en la provincia de Córdoba. Cuando se llegaba a la Esquina de Medrano se bifurcaba, uno seguía rumbo a Cuyo y el otro hacia el norte en dirección de Córdoba.

Los caminos reales precitados se interconectaban mediante caminos de enlace, erigiendo al paraje de Melincué como centro desde donde partían las conexiones con la Guardia de la Esquina y el Fortín de India Muerta. Estas comunicaciones entre las distintas guarniciones militares fueron delineando nuevos senderos a través de la descubierta diaria, de los proveedores, del desplazamiento de fuerzas militares ante alarmas en la frontera, y luego en el transcurso del tiempo se erigieron en auténticos caminos, de los cuales algunos de ellos hoy se conservan como tales aunque en forma parcial.

El Temible Camino del Sur desde Rosario

Según señala Estanislao Zeballos: el camino del sur era el de los valientes que se atrevían a transitarlo desafiando el peligro del asalto de los indios pampas. Este temible camino partía de Rosario y seguía costeando la margen izquierda del arroyo Saladillo hasta alcanzar la posta de Domingo Correa, desde este punto se separaba del camino a Melincué y continuaba en dirección N.O. hasta alcanzar la posta de la Candelaria, continuaba en esa dirección dentro de la actual jurisdicción de Casilda hasta el Río Carcarañá alcanzando a la posta de los Desmochados. Luego seguía por la margen derecha de dicho río y continuaba a la posta de Arequito, finalizando el itinerario correspondiente a la jurisdicción de la provincia de Santa Fe en la posta de la Guardia de la Esquina.

En la carrera del correo al Alto Perú, al ingresar en la provincia de Córdoba se llegaba a Cruz Alta, seguía Cabeza de Tigre, Lobatón, Saladillo en esta posta ubicada en la intersección del Río Tercero con el Saladillo. Las paradas hasta aquí eran comunes para todos los que iban al Alto Perú o Mendoza y Chile.

En la posta de Saladillo el camino se bifurcaba, habiéndolo hacho antes en la posta de Cruz Alta. La modificación fue introducida por el visitador de correos Alonzo Carrió de la Vandera.

Siguiendo la descripción de Zeballos en “Calfucurá la Dinastía de los piedras”. “El camino del sur salía de Rosario, cruzaba el campo ahora feliz de la Candelaria, que era a la sazón uno de los parajes más frecuentados por los bárbaros, rozaba la famosa pulpería de los Gallegos y desde la famosa posta de Arequito, orillaba el río Tercero hasta Villa Nueva, donde lo atravesaba y continuaba casi rectamente a rematar en la ciudad de Córdoba”.
“La esquina de Ballestero era el punto de empalme del grande e importantísimo ramal que partía para San Luis, Mendoza y San Juan, a través de las infortunadas villas de las Achiras y San José del Moro”.

“Lo he recorrido, muy niño, después de 1.860. He vivido en una de sus postas, he dormido la siesta muchas veces bajo el ombú de la famosa parada de Arequito.

He sido despertado en la estancia fortificada de los Desmochados por el alarido de los indios y al abrir los ojos espantados, veía a las mujeres trémulas con el rosario en la mano, preparando las joyas, la ropa y los víveres que con los niños eran depositados en el mirador de la ciudadela, en el último baluarte, a la expectativa del combate empeñado sobre los fosos”.

Melincué baluarte defensivo en el sur santafesino

A mediados de la década del 70 del siglo XIX la frontera del sur santafesino se encontraba prácticamente desguarnecida ya que los fortines que componían la primera línea estaban abandonados y destruidos, a causa del despoblamiento de las fuerzas causado por la revolución mitrista y esta situación favoreció el incremento de los malones.

La misma situación afectaba a la segunda línea, cuyos fortines estaban fuera de servicios.

Las únicas defensas eran sostenidas por entonces por Melincué y los fortines de Guardia de la Esquina y Maldonado, esta endeble defensa tenía que cubrir un frente de 150 km aproximadamente. De esta manera la antigua línea de defensa anterior al año 1.864, volvía a tener vigencia. Ante este compromiso al comandante de Melincué Napoleón Berreaute, solicitó al inspector general de armas Rufino Victorica, el 1º de enero de 1.875, 100 carabinas Remington y 1.000 paquetes de balas, mayor personal, caballos y alimentos para éstos.

Sin embargo a pesar de lo justificados argumentos señalados por el comandante Berreaute no fueron atendidos con la rapidez reclamada. Por lo que el comandante de Melincué reiteraba el pedido mediante nota del 5 de mayo. Obteniendo una respuesta de parte de Manuel Campos aludiendo a remisiones efectuadas tiempo atrás.

 

Bibliografía

Aguirre Evaristo: Por los Caminos de Nuestras Postas.

Auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Casilda - 1.985.

Álvarez Gerardo: Historia de Cañada de Gómez Tomo I

Desde los Orígenes del Desmochado Abajo Hasta elNovecientos.

Editorial Fundación Ross - Año 2.010.

Barba Enrique M.: Rastrilladas, Huellas y Caminos.

Editora Letemendia - Año 2.010 -Tercera Edición.

Evaristo Aguirre