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El Monte del Diablo - Narrativa

En la zona rural de la jurisdiccion de Casilda, había un monte de espinillos, garabatos y paraísos, muy conocido popularmente como el “Monte del Diablo”. Se hallaba situado a dos (2) Km. al NO del límite del barrio Nueva Roma, en ese sentido a la vera derecha del Boulevard Argentino.

Fue su primer propietario la familia Raimonda; luego, perteneció a don Juan Luraschi, quien ocupara la intendencia nuestra ciudad durante los años 1934-1935.Contaba con una frondosa arboleda, por lo que en éste solian realizarse los picnic de fin de semana, en una oportunidad en la que habia una gran concurrencia, se desató un fuerte temporal, a raiz del mal momento que pasaron los vecinos nace una de las versiones con respecto a su peyorativa denominación de “monte del diablo”.

Sobreviene un período de abandono en que la vegetacion se desarrolla en forma indiscriminada, y entraron en franca competencia los exóticos paraísos y siempre verdes con la flora autóctona, espesando de tal manera el monte, que esta maraña desborda y voltea en algunas sectores el alambrado periferico.

Luego se instala allí un horno de ladrillos, en el que vivía una señora, que hacía de comadrona atendiendo a las parturientas procedentes de la desaparecida población criolla del distrito de Desmochado Afuera. Con posterioridad se instaló un tambo cuando era propiedad de Diego Tinaro, quien despues le arrendó a don Carlos Gessaga.

Son muchos los relatos que superviven en la tradicíon popular que hacen referencia a los hechos de apariciones sobrenaturales que se manifestaban en este lugar, llegando hasta ser considerando como un monte embrujado; se aseveraba que a media noche se escuchaba música, como si se tratara de una salamanca. Pero las manifestaciones mas comunes, eran las apariciones de los temibles fuegos fatuos.

A tanto llegó la creencia de que éste era un habitáculo del mismo diablo y las almas que andaban penando, que no faltaron aquellos atrevidos, que haciendo gala de su coraje, fueron capaces de jugar apuestas a que se animarían a ir solos y de noche. Quienes así obraron,se cuenta que tuvieron diversas experiencias, pero siempre muy desagradables.

Cierta vez, un comisario cansado de escuchar estas versiones, que las consideraba fantasiosas, despues de concretar la apuesta, ató su sulky como para llegar a eso de la medianoche.Cuando ya iba transitando una de las calles que bordeaba el monte, le salió sorpresivamente al cruce, un perro, cuyos ojos relampagueaban en forma extraña a la luz de la luna y se le plantó de frente ladrando y gruñendo fieramente tratando de impedirle el paso; el caballo reaccionó espantado y sin obedecer las riendas, comenzó a correr costalando el camino, apareado ahora por el perro que en forma persistente y simultánea daba saltos y dirigía sus ataques tambien al conductor, que, trataba en forma desesperada de controlar al ya despavorido animal ( que trotaba por la banquina haciendo peligrar la estabilidad del carruaje)al tiempo que intentaba infructuosamente de acertarle al cancerbero del monte, un rebencazo, consiguiendo con esto enardecerlo mas.

Finalmente, cuando ya habían dejado atrás el lugar, desapareció tan pronto, como habia llegado.

Los pueblos antiguos para exorcizar a los campos, que creeian que estaban bajo el dominio del mal, procedían a quemarlo.

El monte del diablo tambíen fue “liberado” en el año 1968, a través de la tala para dar paso, definitivamente al maiz primero, luego el trigo, y finalmente a la soja.

Evaristo Aguirre

Monte del Diablo (Candombe)

Al llegar la noche triste,
las tenebrosas tinieblas
con los tules de sus nieblas
aquel monte y rancho visten
y ahogando el trino embisten
como trayendo un mensaje,
vuelven de su último viaje
al mundo ya conocido
aquellos que han fenecido,
como a vengar un ultraje.

Ambientado el escenario
ya está el campo propicio
donde nace el maleficio
como gen originario
de aquel rescoldo primario
que Lucifer encendió
y desde entonces ardió
quemando toda bonanza
achicharrando esperanzas
en quienes el bien prendió.

Sin que nadie lo perciba,
como felino asechando,
el mal está conjurando
con su astucia siempre viva,
y sin emitir misiva
el mandinga se presenta
sabiendo que al verlo ahuyenta
sin dar tiempo a la defensa
sus tientos se han hecho trenza
del arreador que sustenta.

Letra: E. Aguirre - Música: E. Biagini

Vecinos de la Zona integrantes de la Familia Rimonda y Pedro Bartoloto