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PALEONTOLOGIA AL DIA

(Casilda- Santa Fe - 1999)

Génesis de una utopía

Las primeras referencias sobre la aparición de restos fósiles en el río Carcarañá, datan de la época colonial, ya que fueron los jesuitas los que se interesaron por estos hallazgos. A través de éstas referencias históricas y en conocimiento de los numerosos hallazgos casuales, realizados por personas que asiduamente frecuentan la zona del río. Todo ello contribuyó a ir conformando un proyecto de crecer un Museo de Ciencias Naturales.

Por otra parte, estaba ya consagrado la importancia que tiene, como yacimiento paleontológico, la zona aledaña a éste antiguo cauce, originado en el Ensenadense Cuspidal ya que muchos de los fósiles pertenecientes a la fauna extinta del Pleistoceno de allí exhumada, enriquecen las colecciones de grandes museos de nuestro país y el extranjero.
Por no contar con apoyo económico alguno, al principio la idea se presentaba como una utopía, sin embargo el entusiasmo del equipo que habíamos conformado, posibilitó que el trabajo de campo se intensificara obteniéndose como resultado importantes hallazgos.

Luego de casi cuatro años de trabajo interrumpido en el año 1990 se inauguró el Museo Particular de Antropología e Historia Natural Los Desmochados, denominado así con la intención de perpetuar un topónimo local, y por que la mayoría de nuestras tareas se efectuaron en la jurisdicción conocida como Desmochado Afuera.

El estudio de cada especie, su tratamiento y su posterior exhibición final, hizo necesario que nos contactáramos con otros museos de la región a fin de ir incorporando la correspondiente información, y sistematizar, dentro de nuestras posibilidades, todos los emprendimientos. Para ello asistí a un curso de Técnica de Extracción dictado en el Museo Provincial de Ciencias Naturales Dr. Angel A. Gallardo de la ciudad de Rosario, por el profesor Omar Molina del Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de La Plata.
El área de relevamiento se fue extendiendo, hacia el sur hasta el Aº Saladillo, al oeste hasta Cruz Alta (Cba.), el Aº Candelaria, Aº Censini o Los Molinos, Aº Maldonado de San José de la Esquina, el Aº de Flocco de Sanford, fueron los sitios donde centralizamos nuestros objetivos.

Evolución Climática y Ambiental

Antes de terminarse el Pampeano Medio, hubo grandes precipitaciones atmosféricas y sobre los bañados marginales formados en toda la trayectoria de los ríos, se establecieron lagos y lagunas depositándose arcillas y margas correspondientes al Belgranense superior.

La fauna de aquella época revela una abundante vegetación con bosques ribereños en galería, extendiéndose en las zonas intermedias, praderas con ombúes, como consecuencia de esto los gravígrados folívoros tuvieron abundante alimento, como lo atestigua la presencia de las especies y géneros de la fauna gigantesca y pequeña del Pampeano.

Los grandes rasgos del paisaje actual aparecieron hace 300.000 años y se debe a los movimientos del bloque tectónico que incidieron en la transformación, el clima frío y semiárido que perduró hasta 50.000 años que luego fue reemplazado por otro húmedo y probablemente cálido que caracterizó a la denominada “Epoca Lujanense”, la cual se extendió hasta 30.000 años del presente.

Durante el Pleistoceno final y el Holoceno inferior (entre 30.000 y 10.000 años atrás), el clima se tornó frío y seco bajo condiciones de aridez a semiaridez, los vientos provenientes de la Cordillera depositaron sobre la llanura pampeana un manto de sedimentos rojizos de varios metros de espesor. Es el denominado “Loess Bonaerense”.

Otro cambio habría de operarse 10.000 años atrás cuando subió la temperatura, se fundieron los hielos patagónicos y se inició en esta región, un período húmedo.

Sin embargo, fueron desapareciendo paulatinamente los grandes vertebrados y otros grupos de esta fauna del Pampeano debido a ciertos cambios en las condiciones climáticas. Esos cambios no influyeron solo sobre la morfología, sino, como es lógico sobre la fauna y la flora, otro factor atendible de la extinción podría ser atribuida al biológico, por ejemplo, gigantomacia y calcemia, pero esta razón no es aplicable para nuestra fauna extinguida, ya que fue por carencia de alimento para los herbívoros. Pues la región pasó de ser pradera o bosque en galería a estepa arbórea y por último a estepa.

También contribuyó a la extinción de estos animales el ingreso desde el norte de una nueva fauna constituida por tigres diente de sable, pumas, jaguares, etc. Esos cambios pueden hacerse corresponder a los tiempos glaciares e interglaciares, y de los factores climáticos a las precipitaciones y no a temperaturas bajas como aconteció en otras zonas.

Con el fin de la época de la formación del Pampeano Rojo superior, la llanura alcanzó el máximo de elevación sobre el Océano, que era aproximadamente, según F. Ameghino, unos 30 metros mayor que en la actualidad.

Las aguas pluviales comenzaron en su recorrido a denudar la superficie del suelo, cavando en él las grandes hoyadas y depresiones que han formado el cause de las corrientes actuales. Este lento proceso de denudación se registró en una época antiquísima, antes que se extinguiera la fauna pampeana. El fin de esta época de erosión fue el principio de un descenso del continente. Las aguas cesaron de correr con fuerza de los terrenos altos a los bajos, los ríos interrumpieron su curso formando lagunas a lo largo de su cause en los que se fue depositando el lodo que sirvió de sepultura a la gigantesca fauna de edentados compuesta particularmente de acorazados y megatheroides que concurrían a los arroyos porque allí crecían enormes gramíneas muy pobladas de raíces para su alimentación, en estos pantanos muchos quedaron atrapados.

Al finalizar el cuaternario, el medio se presentaba mas o menos como en la actualidad:

una enorme bandeja llana árida en general, porque se habían secado los pantanos.

El clima se comportaba bastante estable, sobrevivieron los herbívoros de desplazamiento rápido, como el Equus Rectidens, los Guanacos y el Venado.

La fauna de moluscos es totalmente distinta de la Lujanense ya que hubo un nuevo período húmedo que dio origen a depósitos lacustres de mucho menor alcance. Las cubetas fueron de mucho menor extensión y profundidad, la disposición en rosario a lo largo de cursos de agua, corresponden a otra ingresión, la Platense, que dejó depósitos de conchillas diferenciables de la ingresión anterior, ya sea por las especies como por el estado de conservación de los restos.

En cuanto a los sedimentos en si, se distinguen por el tinte gris ceniza en vez de verdoso amarillento. Entre los mamíferos si bien unos todavía característicos del Pampeano, otros no lo son y están extinguidos totalmente, por eso deben considerarse como pertenecientes a épocas anteriores a la nuestra.

Los restos fósiles de mamíferos son más escasos y generalmente se encuentran en un mal estado de conservación. La mayor parte pertenecen a especies todavía vivientes.

El lapso entre el Lujanense y el Platense fue la suficientemente dilatado como para que diera lugar a una completa evolución de la fauna tanto de mamíferos como de moluscos para que desaparecieran los grandes edentados del primero y los sustituyeron los del segundo, así como para que la erosión formara causes que tras de ser colmatados fueron posteriormente erosionadas, con la formación de nuevos lechos.

En el período semiárido que le sucedió puede corresponder a la regresión flandriana, en el Platense superior, y el máximo de la transgresión flandriana es el Aymarense. Los roedores de las praderas se transformaron en roedores de las praderas del Platense, disminuyeron los ciervos.

En el Pampeano abundaban mayormente los roedores pequeños y en menor medida los medianos con los que se alimentaban los zorros y otros cánidos reinantes.

La liebre patagónica (Mara), el hurón, el zorrino y sobre todo el tucu-tucu (Estonomys).

La presencia de restos de comadreja (Didelphys) indica la presencia de árboles como algarrobos, chañares y espinillos.

La fauna gigantesca de dentados había desaparecido, los escasos restos que se encuentran en los estratos inferiores demuestran su proceso de extinción.

1-Equus 2- Mastodonte 3- Toxodonte 4- Smilodonte 5- Macrauchenia 6- Pecarí 7-Megaterio 8-Gliptodonte 9- Armadillo

Antecedentes de la Paleontología de la Zona

La paleontología argentina tiene sus inicios en el siglo XVIII, precisamente en la llanura que tiene por basamento la formación pampeana y de la que buena parte constituida nuestro antiguo “Pago de los Arroyos”, en las barrancas del río Carcarañá. Los arroyos que corren en esta región y los terrenos adyacentes, es donde aparecieron los primeros espécimes de la fauna extinta de la época Pleistocénica.

En el año 1740, el Padre Jesuita José Guevara, encontró en el Carcarañá una muela de grandes dimensiones a la que atribuyó, por sus características, que pertenecerían a una raza de seres humanos de talla gigantesca y que habrían existido en épocas antidiluvianas.

Algo similar le ocurre a otro miembro de la Compañía de Jesús, el Padre Tomas Falkner médico cirujano y naturalista, quien en 1752, ocupaba el cargo de Administrador de la Estancia San Miguel del Carcarañal, a él se deben unas interesantes reflexiones respecto a descubrimientos de fósiles. He aquí su relato: “En los bordes del río Carcarañá o Tercero, como a unas o cuatro leguas antes de su desagüe en el Paraná, se encuentran gran cantidad de huesos de tamaño descomunal, y que a lo que parece son humanos, unos hay que son de mayores y otros de menores dimensiones, como si correspondiesen a individuos de diferentes edades..., y en especial algunos molares que alcanzaban a tres pulgadas de diámetro en la base...”, luego prosigue describiendo la caparazón de un gliptodonte al que compara acertadamente con un armadillo actual.

Ya en el siglo XIX se intensifican estos estudios, el mismo Florentino Ameghino padre de la Paleontología Argentina, analiza los fósiles y restos humanos que aparecieron asociados en el Carcarañá.

Mencionamos como hecho anecdótico que los indígenas Pampas primitivos, utilizaron caparazones de Gliptodonte para construir el techo de sus viviendas. En tanto que la primitiva población criolla los utilizó como batea para lavar ropa.

Hasta el último tercio del siglo XIX, supervive la creencia popular, de que los enormes huesos que se encontraban eran de hombres gigantescos. Ya en este siglo, los hallazgos efectuados en forma casual siempre despertaron la curiosidad de la población, pero no se le asignó la importancia científica, salvo raras excepciones, como cuando se extrajeron los restos de un Megatherio y fueron llevados a la Escuela de Agricultura. Esto no significa que muchas piezas hallan sido rescatadas por especialistas y llevadas a los grandes Museos del país y del extranjero.

También se dio el caso que fueron llevados al exterior en forma clandestina. Esta falta de conciencia se puso de manifiesto, cuando en Casilda rodó la noticia (hace ya varias décadas) de la aparición de una enorme “tortuga” cerca del Puente Simonit, lo que motivó el desplazamiento masivo de los interesados, no solo por verla, sino por traerse como recuerdo un trozo de lo que en realidad era un gliptodonte. Sería interminable puntualizar los hechos de depredación de estos patrimonios.

Actualmente creemos que ya se esta vislumbrando una toma de conciencia a nivel general, decimos esto por las informaciones que nos hacen llegar al Museo cuando se descubre un resto fósil, generalmente producto de excavaciones de obras, como el caso de La Capilla del barrio Nueva Roma, la construcción del F.O.N.A.V.I., obras públicas en la intersección del Bvard. Villada y Ovidio Lagos (no fue extraído), o el gliptodonte que permanece a flor de tierra sobre el Bvard. Ovidio Lagos en la zona rural.

Perspectivas y Trabajos de Campo

Hace algunos años que comenzamos a incursionar en el rastreo y recolección de fósiles de la edad Pleistocénica de nuestra zona. El relevamiento previo se centralizó en el río Carcarañá y terrenos aledaños, luego continuamos en el arroyo Candelaria, arroyo Saladillo, etc.

Quizás en su primer momento, constituyó una curiosidad por la fauna prehistórica, que aflora en los barrancos o los fragmentos que arrastrados por la corriente del agua son depositados en los bancos de arena toscas, o quedan adheridos al lecho del río. A esa primera inquietud, se fue sumando luego la compresión de rescatar ese patrimonio con las técnicas adecuadas.

Pero a pesar de nuestra mejor predisposición, la mayoría de las veces, tuvimos que apelar a la creatividad a fin de compensar una serie de carencias, pero fundamentalmente en base a una cuota de esfuerzo físico y el trabajo en equipo, que coadyuvaron a superar muchos obstáculos.

Es que sobre la marcha fuimos vislumbrando la posibilidad de concretar nuestros proyectos. El intento en estas condiciones se convirtió en una aventura apasionante; solo a veces o acompañado por el equipo, no podía dejar de soslayarme de los atractivos que imprimen el contacto con un ámbito de naturaleza agreste, que genera el marco vivencial adecuado para una compresión integral del proceso evolutivo que ha venido experimentando el micro-clima, resultado de interacción del clima, la vegetación y la fauna en una verdadera comunidad terrestre donde las formas vegetales y animales van evolucionando localmente por la estructura geológica.

Finalizados los objetivos propuestos de prospección a los efectos de ubicar los sitios o yacimientos paleontológicos, y evaluadas las posibilidades de exhumación, comenzamos los trabajos sin contar con ningún tipo de subvención. Se recorrieron un frente de 15 km. aproximadamente, sobre ambas márgenes del río Carcarañá a la altura de la jurisdicción de Casilda, fuimos recolectando piezas de superficie y otros que afloraban en los barrancos y que se hubieran perdido irremediablemente en caso de no ser removidos.

Los resultados de esta primera etapa, fueron exhibidos en una exposición organizada por la Cámara Junior de Casilda denominada “Expohobby”, se componía de un cráneo de Mylodon, mandíbulas de gliptodonte, fragmentos de caparazones de los géneros Recticulatus Owen, Panochtus Tuberculatus y diversas piezas dentarias y restos fragmentados.

En 1988, comenzamos un ciclo en la televisión local, en cuyo programa teníamos asignado un micro especial, en el que se exhibían los hallazgos más recientes.

Así es como se fue extendiendo el área en estudio, a medida que aumentaba nuestro entusiasmo y expectativas.

A medida que los hallazgos se iban sucediendo nos vimos en la necesidad de contactarnos con el Museo de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura: Instituto de Fisiografía y Geología de Rosario a fin de poder determinar y clasificar las piezas dudosas, a la par que se intensificó el trabajo de laboratorio consistente en limpieza de cráneo Sceledoterium y Mylodon, y el correspondiente tratamiento para su preservación, se efectuaron numerosas reconstrucciones como las mandíbulas de gliptodontes las que fueron halladas simétricamente juntas y adheridas, aparentemente el cráneo fue aplastado por propio caparazón, se restauró la cornamenta de un ciervo, los restos casi completos de un ave todavía no determinada, cráneo de roedores, etc.

Las tareas de laboratorio y sus resultados me posibilitaron elaborar y publicar algunos artículos.

Cuando se sale a efectuar una prospectiva no se va a buscar a ciegas, en cualquier lugar, en este sentido la constitución de los sedimentos son mudos indicios a los que necesariamente hay que observar, según su composición y antigüedad, puede establecerse que tipos de fósiles podrían hallarse en el subsuelo y además pueden determinarse las herramientas adecuadas para su extracción, según las características de los mismos.

Al caminar atentos tratando de hallar algún indicio, acostumbrando la vista a fin de diferenciar una pieza, por más minúscula que fuera, de una piedra o de una tosca, sin percibirlo nos vamos adentrando en un ámbito que de pronto nos asombra al tomar conocimiento de las características del suelo que estamos transitando, piso este que ha quedado a cielo abierto por la acción erosiva de los agentes atmosféricos, acuos, biológicos, y que nos muestra un mundo exótico, extinto, cuyos habitantes permanecen, aún hoy, con sus mismas formas gracias al alimento y el resguardo que le otorgan los elementos de la naturaleza que impiden su oxidación y suministran los minerales que lo petrifican.

Excavación del Megatherio
1-Juan Cosovich-Hugo Becerra 2-Evaristo Aguirre-Hugo Becerra 3-Juan Cosovich-Aguirre


Navegando el Desmochado

La zona que actualmente ocupa el departamento Caseros, era designada desde el siglo XVII como “Los Desmochados”. Posiblemente así como el río se llamó antes en lengua guaraní Carcarañá, el aspecto de esos campos yermos, impuso la denominación río “desmochado” al primer tramo del río Tercero cuando ingresa en la provincia de Santa Fe y Carcarañá hasta su desembocadura. Esa designación se utilizó hasta fines del siglo XIX (G. Alvarez).

Dado el bajo nivel actual del río, que favorece un mejor reconocimiento, decidimos recorrer en piragua el tramo Cruz Alta - San José de la Esquina, a fin de efectuar un relevamiento superficial (trabajo éste para el futuro museo regional “Los Desmochados”). Así es como partimos, casi dejándonos llevar por la corriente, con la precaución de evitar los montículos de tosca del accidentado lecho.

Ibamos admirados por la abigarrada presencia, sobre ambas márgenes, de infinidad de patos, gansos, cisnes, biguaes, cuervillos y garzas, que allí se reúnen por la sequía de arroyos y cañadas.

Cuando comenzaba a iluminarse el naciente y al trasponer una curva, dimos con una fuerte correntada formada por un desnivel, pequeños bancos de petrificaciones vegetales e isletas de toscas, por las que nos internamos a fin de evitar el peligroso remanso. Absortos por el pintoresco paisaje, decidimos oblicuar rumbo a la margen izquierda para obtener otra perspectiva e inspeccionar un gran socavón formado en la barranca, desde la que divisa la antigua población de Cruz Alta.

Al mirar la barranca de enfrente, con sus achaparrados espinillos, las emplumadas cortaderas y chañares, recordé que a poca distancia “costeaba” el “temible camino del sur”, la imaginación me llevó a un tiempo de humildes postas y fortines arrasados por el malón.

A la altura de la localidad de Arteaga descendimos y revisamos sectores de barranca (su estratigrafía), el suelo seco del arcaico río nos mostró sus yacimientos paleontológicos y arqueológicos; fragmentos de cerámica, restos óseos fosilizados que se entremezclan con elementos nuevos por la implacable acción del agua. En uno de estos depósitos vimos la semienterrada caparazón de un gliptodonte. Cuesta creer que se conservara después de permanecer sumergida tantos milenios.

Estabamos a mitad del trayecto fijado cuando los rayos solares incidían perpendicularmente sobre el agua, seguimos apurando la marcha... hasta que divisamos la torre de la iglesia de San José de la Esquina.

Al llegar nos detuvimos detrás de la réplica del fortín Guardia de la Esquina, dando por finalizada esta primera etapa, a la que seguirá la de recolección

CASILDA, 13 de Marzo de 1989.

Corría el mes de marzo de ese tórrido verano, cuando nos trasladamos a la altura de la localidad de Arteaga a fin de extraer la caparazón que habíamos detectado anteriormente.

La primera tarea fue extraerle el agua y el lodo que contenía en su interior (se encontraba en posición invertida) también estaban las ramas mandibulares y fragmentos de fémur. Es decir que había permanecido debajo del agua protegido por la tierra

arcillosa que lo cubría. A consecuencia de los efectos de la humedad impregnada en las delgadas placas que conforman la rígida caparazón, no resistió, a pesar de los recaudos y el tratamiento adoptado, al extraerlo comenzó a fragmentarse antes nuestra impotencia y desesperación.

Después de unos meses comencé a armar este rompecabezas y hoy finalmente está totalmente restaurado y en exhibición en nuestro Museo. En jurisdicción de Casilda encontramos otro gliptodonte en un pequeño arroyo que desagua en el río, a un metro ochenta de profundidad del nivel del suelo, en ese estrato el terreno mostraba indicios de haber pertenecido al lecho de una laguna que lo sepultó; este fósil pertenece a un Gliptodon Recticulatum Owen, no presentaba un buen estado de conservación, todavía se encuentra en proceso de restauración.

En septiembre del mismo año encaramos una tarea muy postergada, pero que ya se hacía imperiosa su extracción, ya que estaba a punto de desprenderse del “balcón” situado en una alta barranca, que lo sostenía y caería al río. Pertenece a la misma especie que el anterior, la dificultad que se nos presentó fue que es imposible ingresar a este lugar con vehículo alguno, fue necesario trasladarlo en un trayecto de 5.000 metros sobre una cámara de camión inflada sujeta y remolcada por la piragua de Carlos Tosello, la idea le correspondió a Juan Cosovich.

A la ida desde la piragua alcanzamos a divisar sobre la margen derecha del río unos huesos que asomaban en lo alto de la barranca, a unos 70 centímetros del nivel del suelo, presentan un relativo grado de mineralización, con marcas y fracturas muy evidentes, en un principio dudamos, de que los mismos se debieran a la acción del hombre.

La observación posterior de este material, permitió determinar que las alteraciones observadas se debían a la acción de roedores, posiblemente ctaomys (tuco-tuco). En general los huesos habían sido fracturados en forma transversal, presentaban marcas y la sustancia esponjosa había sido en parte eliminada. Las piezas quedaron reducidas a cilindros huecos y perforados.

Las huellas de roedores dejan dos surcos paralelos, profundos de sección cuadrangular y separados por una pequeña cresta. En cambio las huellas de carnívoros dejan surcos de sección cóncava con sus bordes usualmente astillados, producidos por dientes de cúspides romas, cuya acción se manifiesta mas en la presión por arrastre que en el corte.

Los carnívoros suelen destruir la epífisis de los huesos, donde dejan surcos como los ya mencionados. En cambio las huellas de los roedores están usualmente producidos por un cincelado muy limpio y claro. Estos restos, posiblemente pertenezcan a un cérvido.

Evaristo Aguirre y Carlos Tosello:
Trasladando un caparazón de Gliptodonte

Exhumación de Equidos Fósiles del Pleistoceno

Recientes hallazgos en el canal de Flocco (Sanford)

Este canal comienza en la zona de Arequito, y al tomar el rumbo S.E., pasa a 2 km. al oeste de la localidad de Sanford, con este sentido sigue hasta desaguar en el Aº Saladillo.

A raíz de recientes trabajos de profundización y alcantarillado que se están efectuando, fueron exhumados (a al altura de la intersección con la ruta nacional Nº 33) restos fósiles, los que por las características del hallazgo fueron extraídos en forma fragmentada algunas vértebras, costillas, húmero, mandíbula superior y cráneo, los que se encontraban a una profundidad de 5,50 metros en un terreno arcilloso (amarillo-rojizo) que corresponden a la especie autóctona denominada Hipidión, este caballo era monodáctilo de patas cortas y robustas, los huesos de la nariz muy largos.

La determinación de la especie se realizó a través de los molares, cuyas características son diferentes a los del Equus, ya que en éste las circunvoluciones del esmalte apenas sobresalen de la superficie constituido por la dentina, en cambio en el Hipidión la superficie aparece totalmente surcada por el esmalte en forma de picos reclinados.

Fragmentos de Madíbula y Fémur de hipidic

Comunicado de Prensa

El Cementerio de los Megatherios

Recientemente fueron exhumados los restos fósiles de un megatherio, por el Sr. Sergio Fernández y María Noel Kuzmicic con la ayuda de familiares y estudiantes de la Facultad de Veterinaria de nuestra ciudad.

El hallazgo se produjo en las barrancas del río Carcarañá a la altura de la localidad de Los Molinos.

En este sitio (a pocos metros) hace unos años, el equipo de investigación de campo del Museo “Los Desmochados” halló otro megatherio.

Los restos que corresponden al cráneo nos fueron remitidos a nuestro Museo para efectuar su reconstrucción, ya que presentaba un estado de (a pesar de su grado de fosilización) múltiples fraccionamientos.

La tarea de laboratorio se llevó a cabo durante todo el mes de Enero de 1999, con un resultado exitoso lográndose su reconstrucción integral. Por la importancia paleontológica que presenta el rescate de este patrimonio de nuestra zona, ésta dirección se hace un deber difundir este trabajo.

Recientemente durante el transcurso del año 2007 la familia - Fernandez - Kusmicic a procedido a donarlo definitivamente al Museo.

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Evaristo Aguirre