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El Trasvasamiento Cultural de la Pampa Gringa

La Pampa en su estado natural fue sumamente inhóspita para el hombre, porque le negaba lo que le ofrecía generosamente las riberas e islas, agua, madera, alimentos, etc. Así es como los primeros habitantes desde épocas remotas merodearon en las regiones insulares. Constituyéndose (así el sur santafesino, especialmente la región que luego se denominaría como “Pago de los Arroyos”), en territorio de confluencias de innumerables grupos étnicos, procedentes de las diferentes regiones que conformaban el mosaico etnográfico argentino y en algunos casos más allá de sus límites actuales.

Con la llegada de los conquistadores hispanos a partir de 1527 con la expedición de Sebastián Gaboto; y después de algunas frustradas tentativas de doblamiento comienza la temprana desaparición de los aborígenes que poblaban tradicionalmente las zonas fluviales.

Superados los inconvenientes propios de los primeros años de la conquista, donde la representación del soberano en estas tierras estuvo a cargo de los adelantados, la corona entendió que era necesario dividir ese inmenso territorio para un mejor control originándose los virreinatos. El desarrollo demográfico por un lado y la ambición de los españoles por el otro, a fin de anexar nuevas tierras, dieron lugar en lo que muchos años después sería el territorio santafesino.

Los asientos fundacionales ya establecidos de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, constituían los puntos extremos de una amplia región en la que se hallaba inserta el denominado desde el siglo XVII “Pago de los Arroyos”. Esta vasta comarca se extendía sobre la margen derecha del Paraná, desde el río Carcarañá al norte hasta la Cañada de las Hermanas por el sur.

Al adquirir la tierra algún valor, a través de los animales chúcaros que la recorrían, es cuando despierta cierto interés y a partir de entonces va a iniciarse un largo y penoso proceso de poblamiento y explotación.

A las primeras merced otorgadas, le siguen la instalación de la Estancia Jesuítica San Miguel del Carcarañal y posteriormente a la expulsión de la Compañía de Jesús, se inicia la etapa agropecuaria con la instalación de establecimientos ganaderos, cuyas lonjas de tierras eran perpendiculares a los grandes ríos -Paraná y Carcarañá- y pequeñas poblaciones en las proximidades de los fortines como India Muerta,; Melincué; Guardia de la Esquina; y cantones militares: La Horqueta; Acevedo; Constitución.

La vida rural propiamente dicha surge cuando comienzan las vaquerías en los inicios del siglo XVII. Un paso posterior es la estancia, centro de la actividad ganadera organizada. Así sucesivamente, se va desarrollando en función de la ciudad. Hasta 1855 la población de nuestras campañas era eminentemente criolla, y esas labores se desempeñaban en torno al ganado.

El proceso mixto se desenvuelve a partir del doblamiento por parte de otros tipos humanos, originarios de Europa, esta etapa culmina en 1854. Paulatinamente comienzan los cultivos intensivos, la granja, el mejoramiento de planteles, la industrialización de la campaña (se da comienzo en la estancia “La Cautiva” la implantación de pasturas artificiales. Este establecimiento luego, a partir de la década del '80 dará origen a la Colonia General Roca con sus dos centros urbanos, la localidad de Sanford y Los Molinos).

Casco de la Estancia "La Cautiva" en el Siglo XIX

En la etapa de las vaquerías los campos de nuestras pampas advierten la presencia de pobladores criollos de nuestro país, de Uruguay y Paraguay. Campo y ciudad formaban un universo de comunicación, pareja dialéctica con distintos ritmos laborales y diversos estilos sociológicos en sus extremos visibles. Pero unificado por una cultura común.

La vida francamente agrícola no existió en la república en esas épocas. El ambiente era eminentemente pastoril; la transición del proceso ganadero absoluto al agrícola es lenta y difícil por lo impreciso, y fue obra del extranjero inmigrante.

Llegamos entonces a comprender por qué no existe en la zona de la Pampa Húmeda, una dicotomía de lo rural y urbano, de un modo, con contornos definidos. En este ámbito se llega a la sociedad rural urbanizada por la facilidad de comunicaciones y las cortas distancias entre poblaciones; (una población cada 14 kilómetros es la zona agrícola, una cada 25/30 kilómetros en la zona ganadera).

Mientras todos estos procesos se iban desarrollando, el país continúa su actividad ganadera y se amplían actividades pecuarias en sus distintas variantes y modalidades.

Los procesos que afirman el surgimiento de la sociedad rural coinciden con las primeras ciudades al constituir campesinos y urbanos, una sociedad.

Era poco deseable la situación social de los campesinos de aquella época primigenia; resultante precisa del reparto inicial de tierras efectuado durante la fundación de las ciudades se fue construyendo un verdadero monopolio por parte de los descendientes de los primeros pobladores. Así se forman la mayoría de los grandes ganaderos, y los agricultores que se establecieron después debieron hacerlo bajo el sistema de arriendo que insumía la mayor parte del trabajo agrario. “Muchas veces llegaban a sembrar en tierras realengas, alejadas de las de los poblados pero el costo elevado de la conducción del grano equivalía al precio de arriendo. Aún en los años de más abundancia pocas eran las ganancias de este productor…” Luego venía la expoliación del comerciante a quien convenía comprar el trigo en Buenos Aires a dos pesos, para venderlo al extranjero. Para los agrarios este comercio era completamente ruinoso, es por ello que esta actividad era por entonces ínfima.

Conocido en Grecia y Roma y hasta entre los Arabe y etruscos, el juego de la Taba se difundió rápidamente en estas tierras. Procedimiento de adivinación entre los Antiguos, en la campaña argentina se convirtió en competencia viril de jerarquía, con leyes muy estrictas
Foto extraída del libro: "La vida de nuestro pueblo" Centro editor de América latina

El campesino de la primera hora es el criollo, jamás aliado pero con perfecta noción de lo que representaba la ciudad. Sus labores eran exclusivamente ganaderas. El de la segunda tanda es el fruto de la inmigración pequeña la que apenas bordea los cordones de las grandes ciudades; son escasamente unos miles de personas.

El primer camino que cruzaba nuestra región, atravesaba desde Pergamino a Guardia de la Esquina, pasando por el poblado de India Muerta en un recorrido de 16 leguas y 24 a Guardia de la Esquina. Por el mismo tránsito el primer correo organizado en el Río de la Plata, a partir de 1747. Las incipientes postas para carretas, arreos de mulas y chasquis recién se consolidan hacia 1771. Hasta ese entonces las paradas y fortificaciones se fueron ubicando según las necesidades, que de tanto en tanto eran mudadas a fin de adaptarlas a una mejor prestación de servicios.

Organizadas las postas y caminos dos eran las rutas que cruzaban la provincia: la Carrera al Alto Perú y Chile; y la Carrera al Paraguay. El trayecto casi paralelo de las rutas, que desde Buenos Aires partían hacia el norte se separaban definitivamente recién al llegar a la zona de los “Desmochados” y posta homónima ubicada en la actualidad en el Distrito de la ciudad de Casilda en el que también se ubicaba la posta de la Candelaria la que también hacía de enlace con la posta del Espinillo al norte de la ciudad de Rosario en la Carrera al Paraguay.

Nuestra zona se caracteriza por ser una continuación de la pampa bonaerense con toda su influencia cultural. Otras influencias importantes la ejercen las provincias de Córdoba y Santiago del Estero.

Los Ramos Mexía fueron una estirpe de estancieron que marcaron todo el siglo XIX. Uno de sus iniciadores, Francisco, se lanzó a la aventura de instalarse en el sur, en pleno territorio de Los Ranqueles - La Estancia Mari-Huincul - que aparece en la foto, 1870 - fue unos de los tantos establecimientos que organizaron. (tomada de la reseña fotográfica de J. M. Paladino Gimenez, 1971).

La Argentina integrada en el Virreinato del Río de la Plata constituyó una amalgama de elementos que conformarían el fenómeno musical folklórico. Toda la cultura del viejo mundo fue objeto de transferencias hacia la radicación de los dos focos receptores más importantes de la época, Lima y Santiago de Chile, quienes en su fase primaria remitían permanentemente a Buenos Aires.

Santiago de Chile juega un importante papel entre Lima y Buenos Aires, recibe de Lima y retransmite a su vez recreando los productos que recibe, a la Argentina durante el predominio limeño el mismo proceso pero a la inversa, cumplió después, cuando Buenos Aires alcanza la hegemonía parcial de Hispanoamérica a partir de la Revolución de Mayo.

Desde Lima pasando por Bolivia al Tucumán, la transferencia fue lenta. Lima influiría hasta muy entrado el siglo XIX, aún en la propia campaña bonaerense, pero no en la ciudad. Buenos Aires por su ubicación austral fue subsidiaria de aquellos modelos hasta dicha época en que comienza a recibir directamente por el oriente y permanece indiferente a las danzas de carácter picaresco.

Los primitivos modelos impuestos por la moda en danzas de las clases altas europeas en su foco centralizado, París, al introducirse en Madrid sufren allí el primer proceso de adaptación, llegando a América con marcado sello hispano. Buenos Aires recibe de Río de Janeiro, conformando otra franja la del Atlántico, estoas franjas no permanecieron incomunicadas, en nuestra provincia y están representados: la del Pacífico ingresaba desde Córdoba al sur santafesino y la del Atlántico seguía la ruta del Paraguay costeando el Paraná.

Las modalidades europeas se expanden en el ambiente ciudadano donde absorben los diferentes caracteres de los elemento heterogéneos que la componían, indígenas, negros y europeos incultos.

El último rancho del más apartado lugar recibió los bailes de la población rural inmediata, y esta población a su vez de la ciudad cercana, la ciudad de la capital provincial y ésta de la metrópolis que decepciona o adopta los bailes que proceden de los focos radiales. En definitiva es el habitante rural quien la acoge en su postrera etapa de divulgación y que la hace suya al degustarla y recrearla.

Payadores en la pulpería

Recién hacia el 1800 comienzan a conocerse motivos criollos inspirados en modelos españoles de la época. Estos modelos hispánicos llegan a los centros urbanos y son en un principio cultivados en los salones, donde tras una intensa práctica se hacen familiares para el público en general, que los danza según se idiosincrasia y les acopla letras ocasionales. Los motivos así tienen ya carta de ciudadanía.

La contradanza es el modelo típico en esta clase de transformaciones, practicada primeramente en su forma original en los salones, y luego como cuadrillas y lanceros, cuando llega al pueblo engendra al cielito y al pericón.

Las expresiones y formas intermedias y la resultante de sucesivas yuxtaposiciones e interculturaciones con grupos de invasión de variado origen, muy especialmente las últimas manifestaciones de salón que llegaron a nuestra provincia desde Buenos Aires. El Minué, las diferentes versiones de Chotis y Mazurca, han evolucionado y se fueron modificando a través del tiempo.

Históricamente nuestra zona está comprendida en la región pampeana, rica en expresiones líricas y coreográficas, en este ámbito destacamos obviamente la figura señera de nuestro gaucho con sus expresiones criollas: Huella; Malambo; Gato; Remedio; Marote; Palito; Refalosa; Triunfo; Los Aires; La Firmeza; El Prado; Los Amores; Media Caña y El Pericón.

En el grupo de las expresiones acriolladas tenemos: Cielito; Contradanza; Minué; Lanceros; Caramba.

En las especies líricas: Cifra; Media Cifra; Milonga; Triste; Estilo y Serenata.

En las proximidades de la posta de los Desmochados existió hasta las primeras décadas del siglo XX la población del “Desmochado Afuera” la que alcanzó importancia entre los centros poblados del antiguo Pago de los Arroyos, tuvo también un papel relevante para la formación de nuestro acervo folklórico, por acrisolarse allí el arte musical en sus más variadas manifestaciones, lo que se ponía de manifiesto en las veladas o fiestas familiares. Estas reuniones alcanzan su mayor brillo cuando entraba en juego la danza, lo que comúnmente ocurría al celebrarse un casamiento, bautismo o cumpleaños y las festividades, que asumían un carácter colectivo o el acontecimiento que originaba el paso de los ejércitos. Al respecto dice la tradición que en la posta fue bailado el cielito por primera vez por los soldados porteños con la participación de Silverio Gallego, hija del Maestro de Posta de la Candelaria y sobrina del Maestro de Posta de los Desmochados, y desde ese entonces esta danza tuvo gran aceptación en la zona. El Palito fue traído por los soldados de Lavalle en 1840.

Entre las expresiones danzadas que ingresaron desde la llanura bonaerense, el Escondido, la Media Caña, Los Amores, el Marote, el Prado y posteriormente el Pericón. La Polca se difunde desde mediados del siglo XIX produciendo hibridación en algunas danzas picarescas, como el gato, que dio una variante llamada gato polqueado.

Aires o relaciones fue una de las danzas más antiguas de nuestra provincia, el Gato y el Malambo gozaron de las preferencias en la campaña.

El Gato se bailó en el Perú e ingresa a Córdoba vía Chile y a Santiago del Estero vía Bolivia expandiéndose en la

Zona oeste de nuestra provincia, afincándose en la pampa bonaerense adquiriendo característica regional. El gato porteño retoma el camino hacia el interior y en nuestra campaña desplaza al gato cordobés y al santiagueño.

La Chacarera, la Zamba doble y la Jota criolla ingresan desde el norte, la Chacarera y la Zamba entraron también simultáneamente por el sur.

El Escondido tuvo gran vigencia, el Triunfo desapareció aproximadamente en el año 1890, la Huella tuvo su época de apogeo en toda la zona pampeana, el Minué federal emigró a las provincias a partir de 1820, el Federal nacional fue una de las especies más tradicionales de la generación Minué – Gavota entre 1875-85. El Pericón fue introducido por los circos criollos, la Golondrina procedente de Buenos Aires tuvo poca vigencia.

Para completar el repertorio coreográfico de la zona pampeana mencionamos: Remedio, Firmeza, Caramba y Media Caña, ellos corresponden al folklore histórico.

La región pampeana, muy rica en expresiones líricas y coreográficas con evidentes influencias de la cultura europea, con los influjos de la música afro-rioplatense; prevalecen las danzas sueltas a diferencia de la otra zona folklórica de nuestra provincia, la guara mítica en la que las danzas son con parejas enlazadas.

La etapa de la economía agropecuaria iniciada a partir de 1856 modifica el hombre y el paisaje regional, originándose un sinnúmero de costumbres provenientes de la creciente inmigración europea, quienes adoptaron una actitud conservadora y refractaria hacia la cultura criolla, esta disociación determinó el languidecimiento de la creación folklórica, del legado de estas nuevas corrientes en nuestra tierra se pueden mencionar: el Chotis y la Mazurca.

Así es como la provincia que fue la más india en épocas precolombinas, la más gaucha con Estanislao López, se convirtió después de Caseros en la más gringa.

 

CREENCIAS y REPRESENTACIONES GAUCHAS

"El Lazo", Litografía color de Isola, 1844.
En la campaña no era hombre quien no
ponía de manifiesto sus destrezas con el
lazo, montando un caballo o tirando las
boleadoras. Todas las tareas de campo
-arreos, yerra y doma, entre otras - daban
oportunidad de lucimiento a quienes unían la fuerza física y la astucia en una combinación heredada de loa aborígenes.
Foto extraída del libro: "La vida de nuestro pueblo" Centro editor de América latina

Históricamente nuestra zona está comprendida en la región pampeana, en éste ámbito se destaca obviamente la figura señera de nuestro gaucho, con su particular cosmovisión, en la que predominaban antiguas creencias europeas, con algunas influencias indígenas.

La cruz es el símbolo protector del gaucho. La representación del diablo, es un gaucho de facón anguloso y mirada impresionante, que viste lujosas prendas. Son múltiples los relatos en que éste personaje juega un rol preponderante, hace pasar malos ratos a aquellos atrevidos que generalmente por demostrar su valentía cometen actos de herejía.

Están los relatos de aquellos que se atrevían por una apuesta a clavar su facón en determinada tumba y al concretar esta acción en noche oscura, ayudado quizás por unos tragos de ginebra, no se percataban que habían clavado el extremo de su poncho, al retirarse presuroso, creyendo que era el finado el que le tironeaba, moría de un síncope. Sabido es que la mente humana, reacciona ante un acontecimiento misterioso adoptando una disposición defensiva ya que el temor a lo desconocido inhibe la razón y obra casi instintivamente.

El desarrollo de éste proceso, en el que la simbología mental juega un rol determinante y que su resultante final no es producto de la elucubración individual, sino la elaboración de una conciencia masiva. Prescindiendo en estos casos de la calificación de mito, empleando la denominación de Representación a modo de ajustarnos a la verdadera esencia de estos fenómenos, podemos llegar a decir, que se generan partiendo de un hecho concreto que al ir transmitiéndose a través de diferentes medios, hace su ingreso en el campo de la fantasía popular. Todavía quedan supervivencias de estas típicas supersticiones y creencias gauchas, la luz mala con sus distintas interpretaciones, sucedidos, ánimas en pena, relatos sobre afrentas a los muertos, apariciones fantasmales que vagan por los caminos.

El ombú tiene influencia maléfica, atribuyéndole un espíritu que habita en su tronco especialmente los días martes y viernes y es fatal para quien vive cerca o debajo, la creencia popular dice que no se deben tener ombúes en los ranchos ya que sus dueños mueren pronto y el rancho se convierte en tapera, de allí el dicho popular “donde hay ombú hay tapera”.

En nuestra zona el legendario ombú del Desmochado que carga con amplio bagaje histórico ya que la tradición asevera que a su sombra estuvo en el año 1813 el entonces Coronel don José de San Martín redactando unos partes; también tiene una amplia gama de creencias, estuvo a punto de ser destruido por los colonos que le achacaban, ser el culpable de las malas cosechas.

 

EL BASILISCO

Una de las creencias mas difundidas en la pampa fue la del basilisco y consistía en atribuirle el dolor de cabeza o depresión que afectaba generalmente a las mujeres, provenía de una pequeña víbora, o especie de lagartija, nacida del último huevo de una gallina vieja la que se instalaba en un rincón del rancho y desde allí ejercía su nefasta influencia. El tratamiento impartido por la "medica" consistía en indicarle a la afectada por el mal, que durante una hora diaria permaneciera mirándose a un espejo, siempre dándole la espalda al supuesto sitio o guarida del basilisco. El alivio que experimentaba la paciente se producía por efecto de una autohipnosis o autosugestión.

La vida de los pobladores de la pampa, transcurría cargada de sobresaltos, ya sea por el peligro de los malones o las luchas intestinas entre unitarios y federales, además las asechanzas, de las bandas de matreros. Esta situación de indefensión obraba, influyendo directamente sobre la psiquis ya de por si supersticiosa de estos seres sumidos en una existencia muy dura. Existía una creencia anímica que consideraba a ciertos animales como el sapo, con propiedades curativas, otras eran negativas como la lechuza considerada de mal agüero.

 

SUPERSTICIONES ACERCA DEL SAPO y SUS NUMEROSAS APLICACIONES

Tan inofensivo batracio, desempeñaba un papel importante en la campaña, donde, ya como remedio, ya como elemento mágico, era muy empleado por nuestros gauchos, que lo consideraban como animal sagrado.

Su ámbito terapéutico de acción no se circunscribía al hombre, extendiéndose a muchos animales, constituía un artículo indispensable en la veterinaria campesina.

La influencia de este batracio extendiéndose en múltiples órdenes, se emplea a si mismo, para la erradicación de las vinchucas: realizada por cuatro sapos vivos que se colgaban en el interior y en los cuatro ángulos del rancho.

Para que los jagüeles conserven agua: se arrojaban sapos vivos al interior, volviéndolos a él cada vez que salían en los baldes, por ser ellos los que cavan las vertientes.

Para que llueva: se colgaba al aire libre, de un árbol o de un palo cualquiera, un sapo vivo por la pata conocida es la creencia general que predice lluvias cuando los sapos cantan.

 

RELACIONES ENTRE MEDICINA CIENTÍFICA y MEDICINA TRADICIONAL

A través de los datos históricos y antropológicos resulta posible establecer, para la medicina popular, la vigencia sincrética de fenómeno que en la Medicina Científica ha evolucionado diacrónicamente.

Los trabajos médicos en la Edad Media, estuvieron impregnados totalmente de los sentimientos religiosos imperantes prolongan la laguna científica, facilitando el vuelco de muchos especialistas hacia las prácticas mágicas de origen popular, que se hallan en proceso de sincretización con el Cristianismo, si bien este los intenta combatir dogmáticamente.

La cura por palabras (invocando generalmente a Jesús) y el símbolo de la Cruz Cristiana a manera de exordio en ciertas curaciones, van paralelas a la utilización de piedras o metales a los que la tradición ha conferido cierta potencia benéfica. Se retorna también a la herborística en estrecho contacto con los elementos precitados.

Ahora el fenómeno de traspaso a América (una vez producida la conquista) se da a través de la medicina popular de Europa. De esta época proviene por ejemplo, "la culebrilla" (Herpes Zóster), curada con cruces de tinta e invocaciones de carácter religioso. El sapo (verdadero virtuoso de la medicina popular) cura también esta enfermedad, aquí si hay convergencia, puesto que el sapo ya era un animal considerado milagroso en las culturas precolombinas de nuestro Noroeste. Actualmente, el parentesco agresivo entre sapos y serpientes o culebras es proverbial.

La herborística cumplió y cumple importante papel en la medicina popular española y americana. Sin embargo es obvio que solo pueden utilizarse, en cada caso, los vegetales que hábitat provee. De esto y de los datos etnográficos antiguos y recientes que sobre el tema se pueden comparar, se desprenden que la actual utilización de hierbas curativas en nuestro país, obedece generalmente a supervivencias indígenas. Se trata por lo tanto, de un rasgo casi siempre independiente del proceso histórico europeo.

A fines del siglo XVII comienzan a separarse considerablemente la corriente científica y popular. Las semejanzas son remitibles solo al aspecto práctico (son analogías etiológicas, nunca terapéuticas) los adelantos aislados de ese momento, al carecer del reconocimiento y la difusión adecuada, no trascendieron a gran cantidad de especialistas y mucho menos al patrimonio colectivo.

En la Edad Moderna, corresponde ubicar en lo que luego sería la República Argentina, a los filiatras. Se denomina así a aquellos que sin ser médicos, tenían vocación por la Medicina y la dominaban como especialistas. Seria el caso de los misioneros de la Compañía de Jesús. Tomas Falkner por ejemplo, actuaba como médico en las estancias de Areco y "San Miguel del Carcarañal" en 1750, dentro de las limitaciones impuestas por Gregorio XII: no estaba facultado para realizar operaciones y cauterizaciones sin embargo el estudió medicina en Londres y entre sus maestros estuvieron Ricardo Mead, célebre anatomista y Newton, de quién fue dicípulo predilecto. Se graduó de Médico Cirujano y la Royal Society lo envió a América del Sur a estudiar las propiedades medicinales de aguas hiervas.

Treinta años más tarde se instaura el protomedicato en el Río de la Plata. Con esta medida se pretende culminar exitosamente la lucha que desde los inicio de la colonia las autoridades españolas llevaron a cabo contra sangradores, chupadores, y diversos tipos de curanderos. Sin embargo existen documentos que prueban, la participación de estos tantos en los contingentes que fueron a la guerra con el Paraguay y en ambas campañas al desierto. La escasez de médicos diplomados hizo en esas oportunidades que las autoridades hicieran "la vista gorda".

Los comienzos del siglo XIX acentúan las divergencias mencionadas. La Medicina Científica sigue y seguirá evolucionando, la Popular, en el grueso de sus manifestaciones, ha quedado enquistada en las prácticas de varios siglos atrás.

 

NUEVOS CARACTERES CULTURALES

En la región pampeana, las generaciones de las leyendas y las creencias supersticiosas, han casi desaparecido, la colonización práctica y positivista eclipsó las costumbres criollas. También contribuyó a la superación de las creencias, el grado de alfabetización y los mayores contactos sociales, directos e indirectos.

Sin que por lo expuesto podamos aseverar que no exista un grado de superstición aun en ámbitos de cultura institucional.

El gaucho, supersticioso como todo campesino, lo fue en mayor medida cuanto más aislado se hallaba de los centros populosos. Obligado por naturaleza a ser muy observador, sus facultades se fueron agudizando; dotado de gran memoria, archiva todo los hechos, que trataba de correlacionar en cuantos las circunstancias parezcan exigirlo, mas no pudiendo, siempre, darse una explicación satisfactoria y natural de los hechos, de frondosa imaginación, hace intervenir de inmediato lo sobrenatural, para revestir así sus concepciones de ingenua poesía.

Los inmigrantes que se establecieron en las nuevas tierras, ignoraban casi en absoluto las leyendas, creencias y narraciones gauchas. Las familias eran núcleos cuya cosmovisión difería de la hispano-indígena y el conjunto se posesionó del campo con otro espíritu.

La Constitución de 1883, en su artículo 25 sostenía que "El gobierno Federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar conimpuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introdur y enseñar las ciencias y las artes".
El país se abría a la colonización y sus instituciones la protegían. (Inmigrantes Polacos en 1890, A.G.N.).
Foto extraída del libro: "La vida de nuestro pueblo" Centro editor de América latina

Los campesinos inmigrantes de la primera época no conocían por ejemplo, la significación de la "luz mala" y de otros fenómenos propicios al mito y la superstición. Las leyendas de pájaros y animales autóctonos, estaban fuera de su cultura, así como ignoraban también sus nombres y las denominaciones de la flora pampeana, menos aún su aplicación en el campo terapéutico.

Las conversaciones diarias tenían como motivos centrales los relacionados con las tareas agrícolas, y las controversias mas importantes giraban en torno a los intereses reglados por los contratos, todo ello sin raíz directa con las costumbres del país. La desvinculación con la vida de los criollos hizo que se afirmaran caracteres perdurables que resistieron la absorción del medio y crearon elementos tradicionales nuevos. Como las narraciones que tratan de las peripecias que tuvieron que afrontar los primeros pobladores, en la "etapa heroica" el temor al ataque de los indios que hacía que tenían que empuñar el arado de mancera con la carabina por banderola, el prejuicio inducido antes de embarcarse desde el Viejo Mundo contra los criollos. Estas narraciones aún vigentes se mantienen con las deformaciones propias, de los temas de tradición oral.

 

LA ETAPA HEROICA

Fueron innumerables los contratiempos, y problemas que tuvieron que afrontar los primeros colonos de la Candelaria, establecidos en un medio extraño, sumándole a ellos las adversidades del orden natural, que parecía que se resistía al gran cambio que sobrevenía desatando lluvias y granizos, las plagas de langostas, las pestes de fiebre amarilla y el cólera, nada pudo impedir la transformación cultural. Otra filosofía de vida, era como una fiebre de las espigas de oro, era lógica esta urgencia de "hacerse la América" y como querer es poder llegaron las buenas cosechas, de aquí se efectuaron las primeras partidas de trigo en forma organizada (12 de Abril de 1878) al Viejo Mundo, aumentando la demanda de cosecheros u obreros golondrina, los que fueron arribando a estos lares, provenientes de las provincias mas pobres, como Santiago del Estero. Recordemos que nuestras provincias presentan en su geografía folklórica una subregión con la influencia cordobesa y otra santiagueña en las respectivas zonas que limitan con estas provincias mediterráneas.

Arribaban estos curtidos obrajeros sin más anhelo que "salvar" el año con una buena cosecha y regresar a sus pagos, donde el resto de su familia superviviendo lo aguardaba llena de esperanza. Tratan además de sus magras alforjas, un cúmulo de ancestrales supersticiones, de una personalidad que dejaba traslucir ciertos temores ante las manifestaciones o hechos paranormales.

Sabedores de esta condición, hubo algunos colonos, casos muy aislados, que emplearon malignos artilugios, cuando a la hora de tener que efectuar el correspondiente pago por el trabajo realizado como el ideado por uno de los acopiadores de cereales de la colonia quien mediante un sistema de cañería que daban a los galpones, donde dormían los peones, los que eran despertados a media noche por lúgubres gemidos, que les provocaba un pánico tal que optaban por levantar el "mono" (envoltorio con sus pertenencias) y huían aterrorizados sin acordarse de que al otro día le tenían que pagar. (Estos hechos fueron recogidos a través de la tradición oral). Del mismo modo los primeros colonos también sufrieron el abuso por parte de algunos religiosos que apoyándose en la fe dogmática de esos tiempos, les exigían un excesivo diezmo a cambio del paraíso celestial.

 

LA TRADICION CULTURAL CRIOLLA DE LA REGION PAMPEANA

A partir de la década de los años treinta del siglo XIX la Tradición Cultural Criolla de la Pampa, empieza a transitar una etapa de cierto tipo de cambios, que alteran su configuración, fueron empobreciendo la vitalidad original, a medida que el tiempo de la colonización masiva fue tomando cuerpo.

A partir de 1880 empezó una etapa convergente resultado del impacto de la corriente migratoria procedente del continente europeo a lo que se sumó la acción de los hombres de la generación conocida como "la generación del 80" que lideraron grandes transformaciones políticas, económicas y sociales. Transporte y comunicaciones confluyen en las ciudades portuarias, Buenos Aires, Rosario y Santa Fe se constituyen como bocas de salidas para los productos agrícolas. También se originan grandes cambios sociales, iniciándose un proceso de secularización que motivó hondas divisiones entre los argentinos de esa época y dio origen a muchas controversias. Por un lado incidió en este proceso la actitud de muchos inmigrantes (y también de muchos locales) que hicieron de la posesión de bienes materiales el único norte de su vida; y por otro el ejercicio pleno de la soberanía por parte del Estado Nacional Argentino que promulgó la ley de Educación Común y la ley de Matrimonio y Registro Civil.

Hacia la década última del siglo XIX y las primeras décadas de este siglo, la campaña vive "el tiempo del gringo" que se suma a las transformaciones técnicas, que el criollo se resiste a utilizar de lleno. A veces son los propios hacendados que critican los viejos usos, los hábitos tradicionales o la costumbre de tomar mate o la indumentaria o el habla popular empleados por los peones. El alambrado fue [a innovación que más influencia tuvo en los cambios producidos, sumado al cuidado sanitario de las majadas, la alimentación de los animales de raza; las aguadas en lotes y potreros, la construcción de galpones y depósitos para guardar lana y otros subproductos. Por ese tiempo el molino de viento se convertirá en el símbolo del nuevo paisaje pampeano. Tanto es así que una localidad vecina a Casilda lleva esa denominación.

La explotación del ganado lanar requirió satisfacer una serie de nuevas necesidades: galpones para las tareas de esquilar, más corrales para encerrar las majadas y la constante prevención contra la sarna, su tratamiento si la infección había aparecido. Había que contratar esquiladores, vigilar el trabajo, enfardar la lana, acomodar las estivas en los depósitos, gestionar la comercialización y venta a las barracas, transportarla si se disponía de carretas o chatas y si no, tratar con intermediarios. Las majadas eran cuidadas por pastores que fueron gringos en su mayor parte, vivían en condiciones tan precarias como los puesteros criollos, en misérrimos ranchos sin mejora alguna. Comían carne de capón, a un promedio de un ejemplar día por medio a cada tres personas lo demás había que conseguirlo en las pulperías cercanas o en los primeros almacenes de Ramos Generales que comenzaban a establecerse en la campaña, cuyos dueños no pocas veces eran socios del dueño del ganado. La explotación del ganado lanar ocasionó a menudo conflictos con la agricultura cuando la esquila se realizaba en tiempo de verano y restaba mano de obra para la siega del trigo. En las tareas de esquila, es oportuno recordar que entre las primeras cuadrillas organizadas para tal fin figuraron algunas integradas por vascos, que contaban con mujeres entre su personal, cosa que los criollos no miraron nunca con buenos ojos.

Pero el cambio sufrido por el inmigrante también fue intenso según los casos. El acriollamiento fue demorado cuando llegó a lugares en los que sus compatriotas estaban afincados en comunidades. En donde contaban con sus propias escuelas, negocios y templos, a cargo de gente de su lengua y de su cultura que facilitó las cosas. Pero aun en estos sitios debieron ir acostumbrándose al nuevo medio físico y cultural.

Cuando los ferrocarriles comenzaron su lenta e inexorable expansión desplazaron en buena parte a los vehículos de tracción a sangre para el transporte de productos del país, y pasajeros, con tremendas consecuencias para mucha gente que ejercitaba oficios especializados, como por ejemplo, constructores de carretas, carreteros, troperos, sogueros y amansadores de bueyes para uncir, en las comunicaciones también se vieron afectadas las mensajerías.

A medida que el ferrocarril establecía estos servicios, el correo los utilizó, derivando el transporte de la correspondencia de las carreras al Norte y Oeste, hasta entonces encomendado a mensajerías y correos a caballos.

El 4 de noviembre de 1883 se inauguraron los servicios del segundo ferrocarril de origen particular fundado por Carlos Casado del Alisal que partió de Rosario y la Colonia Candelaria el “Oeste Santafesino” , y años más tarde se extendió hasta Juárez Celman provincia de Córdoba y Melincué.

La única fotografía del Acto de inauguración en Villa Casilda. Se observa el profusamente engalanado palco presidencial, así como unas de las locomatoras Black Hawthorn-
Revista del F.C. Central Argentino (Octubre 1917)/ Colección Angel Ferrer.
Foto extraída del libro El Ferrocarril Oeste Santafesino Carlos Casado y la colonización de la Pampa - Tomo 1. Autor: Carlos Alberto Fernandez Priotti.

Medalla entragada a Casado por los accionistas del Oeste Santafesino.
Museo histórico provincial de Rosario "Dr. julio Marc"
Invitación personal distribuída para participar del acto de inauguración. Diario "La Capital" Rosario

Las mensajerías, que aprovecharon el nuevo medio de transporte combinando con éste los viajes hacia ciudades y localidades que todavía no lo tenían, se mantuvieron en actividad hasta que las vías férreas alcanzaran los puntos servidos por ellas y se vencían los contratos.

Las empresas de mensajerías fueron paulatinamente desapareciendo.

Las consecuencias de la acumulación de cambio produjeron, muchas veces verdadera efervescencia, dando lugar a enconadas o posiciones. Por un lado, los que fueron desplazados, como los peones que quedaron sin trabajo, los servidores de tropas de carretas, los concesionarios de galeras y mensajerías, las tirantes relaciones entre los propietarios de tierras y los hacendados que fueron afectados.

Como en el caso que originó el juicio de expropiación (Archivo de Tribunales de Rosario, Expediente Legajo N° 110 Año 1887 Causa Civil N° 4060 Carlos Casado contra Domingo Leguizamón por Expropiación de terreno).

El proyecto de los dos ramales del Ferrocarril Oeste Santafesino que Casado quería concretar, surcaban en forma de "V" los terrenos correspondientes a la Colonia General Roca (Estancia La Cautiva), y no es de extrañar que ello acarreara un inmediato conflicto con el propietario de la misma. Como el señor Leguizamón se negó a conceder las extensiones de campo tomadas por la empresa para la construcción de las líneas férreas y las dos Estaciones (Palacios, luego Los Molinos, en el ramal a la Colonia Iriondo y Sanford en el tramo hacia Melincué), Casado tuvo que recurrir a la justicia. Este no fue un caso aislado que tenía una desagradable experiencia al respecto, pues muchos habían sido los problemas que se habían suscitado en la expropiación de terrenos en el tramo desde Rosario a Villa Casilda, varios de los cuales estaban aun por solucionar.

La Estancia "La Cautiva" en la actualidad - fotografía: Daniel Landrein

A estos problemas se sumaron las facilidades y libertades que se otorgaron a los inmigrantes para profesar su religión y la proliferación de matrimonios mixtos. Así surgieron discusiones políticas y religiosas que se hicieron cosa de todos los días pese a que la Iglesia predicaba desde el púlpito la tolerancia. Se entiende que esta situación era visible ostensivamente en los poblados pequeños donde uno o dos disidentes bastaban para producir una inquietud general, más todavía si la separación era cuestión de credo.

También la composición de la sociedad urbana empezó a ver alterada su paz, empezaban a aparecer los inmigrantes que iniciaban la lucha por reivindicaciones sociales detrás de ideas anarquistas y socialistas importadas. Pero en la campaña la realidad es otra. Los propietarios son pocos, medieros y arrendatarios son los más. Más todavía son los peones de la cosecha, los cultivadores de alfalfa para invernadas los que cuidaban ganado a campo y a galpón, los peones estacionales, los esquiladores, los que juntaban las papas y los recolectores de maíz.

La clase alta miraba a Europa. Viajaban todos los años a París. Algunos pusieron en sus estancias un mayordomo inglés y contrataron para sus hijos institutrices francesas e inglesas. Sin embargo la mayor influencia de la integración del país de lo que ha dado en llamarse la Argentina Moderna fue la acción de la Escuela Argentina, laica y obligatoria, que dio sello nacional a los hijos de los gringos y de los criollos, fueron educados del mismo modo, en un pie de igualdad, cubiertos por el guardapolvo blanco.

 
Historiador Berraute realizando tareas agrícolas

Para las primeras décadas de este siglo se va configurando una particular forma cultural en el ámbito, que fue bautizada la Pampa Gringa, que ya para la época del Centenario daba la imagen de un país pujante y arrollador el país de los ganados y las mieses. El éxito del inmigrante dio su carácter a "La Pampa Gringa" con su persona y luego lo dieron sus hijos y sus nietos. Alguno volvió a su tierra enriquecido después de largos años de trabajo, pero los más, compraron al final su fracción de tierra para seguir trabajando con sus hijos, reelaborando la forma de trabajar de su país de origen. Otros invirtieron su capital instalando un negocio en el pueblo, otras de las vías de arraigarse para siempre.

Almacén Esteban Pozzi - Año 1883 - fotografía Actual - Calle Washington y Guemes

La corriente inmigratoria dejó una fuerte impronta en la cultura y en la sociedad no urbana y semiurbana. El gringo mezcló su sangre con los habitantes locales trayendo como consecuencia un gran mestizaje cultural. No se aislaron sino en ciertos lugares o en ciertas condiciones.

En las poblaciones de cierta importancia surgieron rápidamente asociaciones, sociedades de socorros mutuos, hospitales, clubes, que agrupaban a compatriotas y sus familias. La resistencia al cambio fue intensa en la campaña asumiendo a veces caracteres de rebeldía.

Para los años treinta el criollismo se refugia en la cocina de los peones. Décimas y relatos añoran el tiempo pasado, que complementan los cuentos de fogón.

El estilo de vida tradicional sufrirá un nuevo embate que hace difícil reconocerlo, allá por 1940, como consecuencia de los ensayos de industrialización, la construcción de rutas pavimentadas, la aparición del camión, y el auge del periodismo escrito y la radiotelefonía, a lo que debe agregarse los comienzos de la reacción contra la política del fraude. Del viejo criollismo quedan solo islotes perdidos en la inmensidad de la llanura, determinados por su posición geográfica o por haber quedado a trasmano del tendido condicionado por intereses no siempre claros de las vías de comunicación.

El cambio en las condiciones de vida en el campo dio origen al nacimiento de las "áreas de deterioro" como dicen los sociólogos, en las orillas de las grandes ciudades y pueblos del interior. Son las primeras rancherías "al otro lado del arroyo" o "al otro lado de la vía": allí se establecieron carreros, chateros, reseros, domadores, aradores, gente de los siete oficios, que vivían de la changa y esperando la época de la cosecha. Esto ocurrió en la hoy Ciudad de Casilda. Cuando fueron desalojados los criollos de la desaparecida población del "Desmochado Afuera", y desde la costa del Río Carcarañá, anclaron en el barrio "Nueva Roma", fue el arrabal donde se refugió parte del criollismo venido del campo. La década del cuarenta terminó con ellos.

En nuestro tiempo, el criollismo, esencia de la tradición cultural criolla de la pampa, que incluye las tradiciones sociales, culturales y religiosas, se ha incorporado al bagaje no material de la nacionalidad.

Boliche de Frontini ubicado en la desaparecida población del Desmochado Afuera
Crisostomo Gallego Comisario del destacamento policial distrito Desmochado Afuera

 

LA VIDA DEL CHACARERO

Mayoritariamente está consagrado que la denominación Carcarañá significa “carancho diablo” en la lengua guaraní, sin embargo encontramos en la antigua cartografía la denominación castellanizada como Carcarañal; que significa según nos lo expresara Dick Ibarra Grasso “sitio de sembradío”. Efectivamente en la zona de la desembocadura del Río Carcarañá en el Coronda antes de desaguar en el Paraná; los chaná-timbúes y cara-cara sembraban maíz y porotos. En esa misma zona se realiza el primer cultivo de trigo en el año 1527 sembrado por los hombres de Sebastián Gaboto en el primer asentamiento poblacional de nuestro territorio nacional, el Fuerte Sancti Spíritu, con las semillas traídas de Europa. Mucho tiempo después, en el primer tercio del siglo XVIII, los padres jesuitas sembraron trigo en su establecimiento, la estancia San Miguel del Carcarañal. Posteriormente su siembra se extendió, siendo el cultivo preferido de los inmigrantes de nuestra región.

El cultivo que le siguió en importancia a fines del siglo XX, fue el lino, el maíz que se ubicó en tercer lugar en las preferencias de los colonizadores, debido a que era un cereal de más difícil desgrane y no había aún máquinas para tal fin.

La agricultura en nuestra zona tiene sus comienzos a partir de 1870 cuando se sembraba el trigo en pequeñas parcelas, en los campos de Castellanos, Sotomayor, Armstrong, Pérez Freyre y Cía y Carlos Casado.

La mayoría de los agricultores eran inmigrantes europeos venidos desde España, Italia, Francia o Yugoslavia.

La falta de conocimiento del lugar, tan distinto a sus países de origen, los confunden, las épocas de siembra son otras, cuando allá es invierno acá es verano, cuando allá es tiempo de siembra, acá de cosecha. Ellos venían de países ya avanzados. Con los prejuicios de la época que los enfrentó con las realidades de un país en gestación.

La cosecha de trigo comenzaba estando ya maduro, por lo general en el mes de diciembre, el mismo se cortaba en un principio con la hoz, un hombre diestro en esta tarea podía cortar hasta media hectárea por día, el trigo así cortado se ataba en gavillas y se emparvaba. Hacia 1900 en adelante llegan las primeras máquinas segadoras que aceleraban notablemente el trabajo.

Posteriormente fueron ingresando al país nuevos modelos de segadoras con mecanismo atador de las gavillas de trigo. Luego aparecen máquinas espigadoras de mayor tamaño, de empuje a caballo con plataforma al frente que podía ser usada con el mecanismo atador ya mencionado o con una noria que elevaba el cereal cortado y lo volcaba en una chata rastrojera llamada también vagón o chata gallinero por estar cerrada a los costados con listones de madera o tejido, de esta manera ya no era necesario levantar el cereal del suelo y se lo podía llevar directamente a la parva.

Cuando se emparvaba el trigo se hacía referencia a “trigo atado” o “trigo suelto”, esa era la denominación que se daba tratándose de atado cuando se lo cortaba con la atadora y suelto si era cortado con la espigadora con noria que cargaba directamente del corte a la chata.

La trilla del trigo se efectuaba primeramente dentro de un cerco o corral haciéndolo pisar con animales yeguarizos, una vez desmenuzado el pajonal, se sacaba con horquillas y se juntaban los granos para zarandearlos al viento y de esta manera limpiarlos.

Las condiciones en que tuvieron que vivir los primeros colonos fueron en muchos casos extremadamente duras, lo que los llevó a soportar innumerables padecimientos. En la mayoría de los casos dentro de gran precariedad.

Antes de la aparición del tractor, el chacarero debía madrugar para juntar los animales, bueyes o caballos, muchas veces en condiciones climáticas muy desfavorables, atarlos al arado y salir a trabajar. Al mediodía hacía un alto para almorzar y realizar el recambio de los animales.

Las mujeres, además de los quehaceres domésticos, se encargaban de hacer la quinta, de la crianza de los cerdos, de encerrar las vacas, de separar terneros, de ordeñar al amanecer, hacer el pan, y de sacar el agua, entre otras cosas y cuando las tareas del campo requerían ayuda, allí estaban las mujeres chacareras atando o desatando los caballos, emparvando el pasto o colaborando con los hombres en el levantamiento de la cosecha.

La vida campesina era muy sacrificada, no sólo por el trabajo sino por la falta de confort y el aislamiento en que vivía. Habitaba en un rancho, teniendo como único medio de movilidad el caballo, hasta que se generalizó el uso del sulky los caminos eran simples sendas o cruce de campo, debiendo orientarse para ir a determinado lugar, la instalación de alambrados para cercar los campos y el trazado de caminos mejoró la situación.

Los esporádicos viajes que realizaba al pueblo, eran para efectuar la compra de mercaderías para el hogar, para vender sus cosechas, para ir a la peluquería o para efectuar algunos trámites, asistir a algún acto religioso.

La rentabilidad era relativa, dependía de las cosechas que sacaban, contándose que se estaba expuesto a los factores climáticos y la plaga de langosta, en el caso de los propietarios la rentabilidad les permitía evolucionar mejorando su calidad de vida y mecanizarse en sus trabajos. En cambio el arrendatario debía pagar un 35-38-40 por ciento o más de su producción limpia al dueño del campo, estas condiciones llevaron a crear un malestar general que desembocó en la rebelión agraria conocida como el Grito de Alcorta en 1912.

Los comercios de ramos generales, que proliferaban, eran los centros de reuniones de los chacareros. Abastecían a estos de todo tipo de mercaderías, inclusive adelantaban dinero en efectivo a cuenta de las cosechas. Este tipo de operatoria propiciaba la usura comercial de los almaceneros y acopiadores. Además daba lugar al fraude comercial por cuanto el 60% de los campesinos eran analfabetos.

El fonógrafo primero (década del '20) y la vitrola después, significó un medio de diversión al posibilitar la realización de bailes familiares en las chacras. Luego la aparición de la radio en la década del 30 y el automóvil, los acercó un poco a los centros urbanos.

La iluminación se realizaba por medio de lámparas a kerosene y en muchos hogares se utilizaban lámparas caseras, construidas con botellas y mechas de hilos o retazos de género, hasta que apareció el “sol de noche” que con su luz iluminaba la noche campesina.

Estación Villa Casilda: Edificio para pasajeros (c. 1889). F.C.O.S. album fotográfico c. 1889, foto Nº 12 / Escuela Técnica "Carlos Gallini"


Aires Nuevo (Milonga)

Verde inmenso pajonal
campo virgen y cimarrón
donde el bélico malón
tremebundo, colosal
cual furioso vendaval
trazando de sangre un hito
de Gallegos a Arequito
el pampa con furia loca
se va golpeando la boca
dejando el eco en su grito

Legendaria estancia criolla
que dió paso a la mansión
fortín de la tradición
le leyenda nos enrolla
con el mito por argolla
sujetando aquella historia
preñada con la gloria
que el tiempo quiere alvidar
intentando soslayar
el pasado y la memoria

En la compra de la Estancia
trocó en campos de topacio
ganándole un nuevo espacio
sobre tumbas de cardal
creció aurífero trigal
¡Campo agrícola argentino!
sobre el sur santafesino
sueño de Carlos Casado
de un gran proyecto trazado
Casilda y su gran destino.

Letra: E. Aguirre
Música: F. Reschini
Calle Bs. As. y Sarmiento - Año 1910
Integrantes de la Flia. Herrera oriunda de la desaparecida población de Desmochado Afuera afincadas en le Barrio N. Roma.



Escuela Nacional Agricultura - decada del `40
Frigorífico Caseros - década del ´40



Personal de la Escuela Agrotecnica Gral. San Martín


Escuela Rural -Colonia Desmochados Afuera

 

Evaristo Aguirre.

 

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